Exhiben piezas de oro de Tutankamón

Exhiben piezas de oro de Tutankamón

Hechas añicos y desperdigadas por el suelo en la tumba de Tutankamón, un montón de piezas de oro y cuero del “faraón niño” fueron olvidadas en 1922 por el descubridor del sepulcro y ahora vuelven a relucir en una exposición en el Museo Egipcio de El Cairo.

El conjunto permaneció en un baúl arrinconado en un almacén del museo, hasta que una misión arqueológica egipcio-alemana las encontró y decidió restaurarlas hace tres años y ahora, 95 años después de su hallazgo, están a la disposición del público.

No fue fácil, puesto que estas delicadas y pequeñas piezas, consistentes en finas láminas de oro, cuero y lino con profusión de motivos decorativos, habían sufrido los estragos del paso del tiempo y una mala conservación.

Los pequeños ornamentos servían para decorar los carruajes y las vestiduras de los caballos del joven faraón, que murió repentinamente a los 19 años de edad, tras un breve reinado de nueve años, entre el 1332 al 1323 a.C., según explicaron los restauradores.

Las piezas permanecieron en el mismo baúl de madera en el que el descubridor de la tumba de Tutankamón, el célebre egiptólogo británico Howard Carter, las depositó al encontrarlas.

El director del Gran Museo Egipcio, acogerá la colección de forma permanente, Tarik Said Taufik, dijo que el motivo de que las piezas hayan permanecido en el baúl es que el oro es “un material muy resistente” que no necesita una “preservación especial”.

Sin embargo, reconoce que el largo periodo de abandono venció en ocasiones la resistencia del noble metal y afectó especialmente a “las piezas orgánicas”, que desde el principio del proyecto se convirtieron en “una prioridad” para los investigadores.

Las piezas están formadas por cuatro capas: bajo la primera y fina lámina de oro sobre la que se tallaron los motivos decorativos, subyace una capa de cuero y bajo esta, un tejido de lino embebido en yeso, que está recubierto por abajo de otra capa de cuero.

El descubrimiento de la tumba del “faraón niño” asombró a todo el mundo en 1922, pues se trataba de la primera -y hasta la fecha la única- tumba del Antiguo Egipto que había sido descubierta intacta.