Lucrando con las tragedias

Lucrando con las tragedias

POR: Sinhué Casanova Magaña

Luego de los dos trágicos sismos que vivió México, el primero se registró el siete de septiembre y el segundo el diecinueve del mismo mes, donde lamentablemente perdieron la vida cientos de personas y que dejaron en la calle a muchas otras más, para sorpresa de muchos, los partidos políticos se han ‘tocado el corazón’. En solidaridad ante estas afectaciones pretenden donar el resto de sus prerrogativas de este año e incluso proponen eliminar el financiamiento público a estos institutos políticos. Hasta suena extraño esto, es una percepción generalizada.

Para quienes dudan de este acto de moralidad, solidaridad, altruismo, generosidad, justicia, bondad, rectificación, etcétera ‘como se guste llamarlo-, lamento coincidir que en los hechos se observa lucro político ante estas lamentables tragedias. Hay una sencilla razón: de cómo han manejado este asunto la mayoría de los dirigentes políticos.

Observamos prácticamente una gira a medios del dirigente de los priistas, Enrique Ochoa Reza, hablando del tema, retando a todos, saliendo como el gran salvador de México, como que la mejor propuesta es esa y su partido fue el pionero en ella. Que por cierto no lo fue. Desde hace años se viene discutiendo qué y cómo hacerle con el dinero que reciben los partidos y organismos electorales.

Pareciera que lo que les urge a los dirigentes partidistas es mejorar la imagen deteriorada de su institución política. Como bien sabemos, el próximo año habrá elecciones federales y recordemos que estos ‘nuevos’ políticos no dan paso sin guarache.
Bastaría con recordar la liquidación millonaria de Ochoa Reza al renunciar a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) o cuando participó para ser Consejero Electoral del IFE en octubre de 2010, negando su militancia en el PRI y unos años después, en el año 2016 mostró una credencial que acreditaba su militancia al PRI por más de 20 años. Por estos y otros motivos, no se percibe en el caso de Ochoa Reza como genuina la propuesta de ‘cero dinero a los partidos’, ni mucho menos sincera.

Por supuesto que una gran mayoría de los mexicanos está de acuerdo con reducir el gasto público en los partidos políticos; de eso hay duda. El debate sobre este asunto es el manejo político y hasta publicitario que le han dado los dirigentes de los partidos políticos. Se nota una burda atracción electoral con miras al próximo año.
Antes de esto, también hay que hacer una reflexión sobre los responsables de atender las contingencias ante los fenómenos naturales. Es decir, la Secretaría de Gobernación y todo el aparato de Protección Civil. De las medidas preventivas, de su actuación inmediata, de activar los protocolos correspondientes, de los recursos públicos que atienden estas eventualidades. De todo eso francamente al día de hoy sabemos muy poco; de lo que sí sabemos con mucho orgullo es que la sociedad civil nuevamente se organizó y tomó el mando para atender esta contingencia de manera inmediata. Mis respetos para todos ellos.

Derivado que la ‘propuesta’ de los partidos políticos tiene poca seriedad de ayuda a los afectados de los sismos, puesto que hasta ahora en el manejo que le están dando es netamente político, habría que tomarles la palabra: adelante con la reducción del presupuesto público a los partidos políticos. Si realmente le queremos dar seriedad a este tema, también debe plantearse una reducción del presupuesto público del INE, a los tribunales electorales, a toda la burocracia vinculada a la promoción y organización de las votaciones. Demos un giro al proceso de elecciones de México; construyamos democracia, dejemos que los ciudadanos libres y apartidistas se involucren en los asuntos públicos, que tengan poder de decisión, puesto que NUNCA la ha tenido.

En México se confunde la democracia con las elecciones y esta última solo se da cada tres o seis años. Es el momento para construir un debate serio sobre la democracia en nuestra país y dejemos de lucrar con las tragedias. De paso digamos que nuestra mayor tragedia es la desigualdad que hace víctimas fáciles a una extensa franja de la población. Es también una catástrofe que se debe atender.