Margarita, el PAN y las migajas de la política

Margarita, el PAN y las migajas de la política

Por: Orlando Castillo

Pues nada, que en el panorama político para el 2018 es que no hay panorama político firme, porque en realidad hay mucho qué organizar. Especulamos y los actores políticos están flotando, mirando dónde pueden hacer alianzas y testando cómo vienen las intenciones, que a su vez están plasmadas en los activos de la política social, económica y científica del país. Seamos duros: miran qué tajada del pastel se van a llevar a perpetuidad. Si es que les toca.

Una de las sorpresas de la semana es el sube y baja de  Margarita Zavala: se fue.  Como dice la canción: se fue, se fue el caimán, se fue para Barranquilla. Porque no creo que le alcance para llegar a la cima. El asunto es que donde se va,  con la cola va aplastando, empujando, y dejando la huella, sin importar, el surco de su andar. Doña Margarita en su afán de ser candidata a costa de lo que cueste, toma las decisiones más bizarras, alguien me decía: ‘qué en política hay otra manera?’, pues digo que no; pero pues, hay unos papás que no olvidan el caso de la guardería ABC. Si proceder, como se hizo en el caso de los niños muertos, pues tapamos el pozo y seguimos, ¿no?  Será que se nos olvidan esas situaciones? Ella de todas  maneras perdería en la selección de candidatos de su partido, pero el caimán siguió. Porque el pleito en la casa panista es de pronóstico reservado. Dice el diario Reforma que los miembros del Frente PAN-PRD-MC hicieron una primera encuesta y que la salida de la señora Zavala y de Felipe Calderón fue ‘apenas un rasguño’. ¿Será?

LENGUAJE CARRETONERO
Aquí en Tabasco ‘bueno, desde la Ciudad de México-, Juan José Rodríguez Prats se sumó a las críticas contra Margarita Zavala, pero en especial contra Felipe Calderón, por las pretensiones de hacerla candidata a la Presidencia. Quien se pasó de rosca fue Ernesto Ruffo que dijo cuando emigró la señora Zavala: ‘se salió la pus’. Se entiende entonces que el priista Enrique Ochoa haya dicho a Ricardo Anaya, dirigente nacional del PAN y también pre candidato a la Presidencia, que ‘se ponga los pantalones’, que no le eche la culpa a otros de la descomposición en el blanquiazul. ¡Qué nivel de debate’, eso que lo dejen para este columnista. Pero a la primera muestran el cobre y se ven más machistas que Felipe.
Esos vientos del Altiplano llegan a Tabasco y las corrientes del PRD ya se pusieron a revisar qué tanto les afecta o no la salida de los calderonistas del PAN.  No por lo que pueda suceder en el estado, donde los azules tienen escasa presencia, sino por la manera que se pueda sacudir el Frente. Y también por la tormentosa relación que ahora hay entre el PAN y el PRI, lo que ‘dicen- puede beneficiar a López Obrador.

NADA MÁS 50 MELONES
Defensa mediática tramposa dicen que es la iniciada por Víctor Manuel Hilario, abogado de Silvia Pérez Ceballos esposa del exsecretario de finanzas, José Manuel Sáiz Pineda, porque afirmó que el gobierno de Tabasco no podrá reclamar ni un peso de los dólares confiscados a los esposos Pérez Ceballos y Sáiz Pineda en Estados Unidos, en el supuesto que su clienta sea declarada culpable por la Corte de Corpus Christi de los Estados Unidos. El defensor de la esposa del ex tesorero sostuvo que son procesos independientes el de Sáiz y el de Pérez Ceballos. O sea que a su entender  el gobierno tabasqueño no tiene vela en ese entierro. Pero ya el fiscal Fernando Valenzuela había dicho que Tabasco fue reconocido como víctima. No es poca cosa lo que está en juego: a doña Silvia Pérez el embargaron más de 53 millones de dólares. Leyó usted bien. Ni imaginarse esa cantidad. Mientras que  el presidente de la Comisión de Derechos Humanos en Tabasco, Pedro Calcáneo Arguelles, argumentó que si se llegara a solicitar el resarcimiento de daños de los bienes incautados a Silvia Pérez Ceballos, el organismo que representa, no tiene facultades para intervenir.

EL SHISH
Ya lo dijo el titular del OSFE, José López Carrera: los consejeros del IEPCT rebasaron los topes legales para sus salarios. ¿Y luego?