Tabasco lo vuelve a honrar

Tabasco lo vuelve a honrar

POR: Felipa Nery

Hace unos días, Enrique González Pedrero recibió de manos del rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, el título de Doctor Honoris Causa. ¿Qué es Honoris causa?. Es una locución latina, que significa “por causa de honor”. Se otorga como un honor, para reconocer el mérito y la valía de una persona. Al entregarle este galardón a Enrique González Pedrero, la UNAM reconoció en él, “la importancia histórica de ser un excelente académico de esa casa de estudio, el respeto del saber, por la difusión del conocimiento y por el amor a la libertad”. Nadie más que los tabasqueños pueden dar testimonio de que Enrique González Pedrero, no sólo es un hombre de teoría, que transmite conocimientos desde las aulas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM desde 1955, sino que también es un hombre que supo llevar a la práctica la ciencia política en bien del hombre y de su libertad, como gobernador de Tabasco, donde se le recuerda y se le respeta, no sólo por las obras materiales, sino por hacer a la sociedad tabasqueña, partícipe de su vida democrática. Por supuesto que las obras materiales que marcaron a su gobierno fueron de gran importancia, porque no se plantaron elefantes blancos para que se le recordara por la eternidad, sino para ser usadas en beneficio de esta sociedad que parecía olvidada del progreso y del desarrollo, como ocurrió con los puentes que unieron a los municipios de Paraíso y Centla, en el Bellote, el puente de Frontera, el puente de Jonuta; la enorme biblioteca José María Pino Suárez, construida a orillas del puente Grijalva, para hacer de sus visitantes, fuente de inspiración de conocimientos de los libros y enciclopedias que ahí pueden ser consultadas para que el tabasqueño se entienda como ser humano y saber de todo lo que puede ser capaz; el testimonio de esa organización que supo hacer de las comunidades, a través de los centros integradores, donde la gente podía acceder en su mismo lugar donde habita, a salud, educación, transporte, mercados con alimentos frescos y el sacrificio de animales en condiciones higiénicas; y lo más importante, la dignificación del tabasqueño, con ese programa de piso, fogón y letrina, que mientras a unos parecerían insignificantes, para otros que en esa época continuaban haciendo sus necesidades fisiológicas en el monte, alejados de su casa, fue lo que los distinguió como personas, de los animales, porque dejaron de ponerse en cuclillas, para defecar, y empezaron a hacerlo sentados; después de estas obras materiales, otra transformación en la que Enrique González Pedrero revolucionó a Tabasco, fue en hacer posible que la sociedad tabasqueña participara en la toma de decisiones de la vida política de su comunidad, al implementar la consulta directa a las bases, la democracia de carne y hueso, para permitir que los ciudadanos, fueran los que eligieran al hombre, o a la mujer, que los representara en las presidencias municipales. Enrique González Pedrero, un hombre con una visión del mundo moderno, que supo aplicar su sapiencia en Tabasco, por lo que se le sigue recordando con afecto y eso lo constató en su última visita.