Rodrigo Duterte, de 71 años de edad, conocido como “The Punisher” (El Castigador), asumió hoy la presidencia de Filipinas, con la difícil promesa de abatir el crimen y el tráfico de drogas en menos de seis meses.

Los primeros cien días de la gestión del controvertido mandatario, un hombre ajeno a la clase política filipina, estarán bajo una tremenda presión para mostrar que puede hacer frente a la criminalidad y a la proliferación de las drogas.

Sin embargo, la política anticrimen de Duterte podría desencadenar la reacción de los grupos de derechos humanos, la Iglesia Católica, y la comunidad intelectual, además de estar amenazados por organizaciones del crimen organizado.

Varios grupos de delincuentes vinculados al narcotráfico en Filipinas han ofrecido una recompensa de un millón de dólares a quien se decida y cometa el asesinato del presidente Duterte.