El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, se puso al margen de cualquier investigación sobre la presunta interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales, debido a que estuvo involucrado en la campaña de Donald Trump.
Sin embargo, Sessions, que durante mucho tiempo fue senador, dijo que no hizo nada malo cuando no reveló que se había reunido el año pasado con el embajador ruso durante su testimonio en el Senado para ratificar su nombramiento.
El funcionario argumentó que las reuniones fueron en su calidad de senador y no como parte de su papel en la campaña del actual presidente de EEUU.
“Me he recusado en los asuntos que tengan que ver con la campaña de Trump”, dijo a periodistas Sessions en una improvisada rueda de prensa, que siguió a peticiones de varios de sus compañeros republicanos para que tomara esa medida y pedidos de legisladores demócratas para que renuncie.
Sessions dijo que había estado considerando la recusación -que lo descarta de cualquier papel en una investigación- incluso antes de la controversia sobre los lazos de Rusia con el entorno del presidente Trump, que han marcado los primeros días del mandato del magnate inmobiliario y ex estrella de la televisión.
La controversia resurge en momento en que Trump y los republicanos, que controlan el Congreso, tratan de dejar atrás los tropiezos del inicio del mandato para enfocarse en cambios políticos importantes en asuntos como inmigración y salud.
Y en un hecho que agudiza la polémica, el diario USA Today publicó el jueves que al menos otros dos miembros de la campaña de Trump dijeron haber hablado con el embajador Kislyan.