María Isabel Córdova Jiménez es una joven que destaca entre las más de 200 personas reunidas en el Casino del Pueblo de esta ciudad. En su regazo carga a un niño que parece inquieto. Con esfuerzo, intenta sostenerlo.
Él es Candelario, su hijo de apenas 2 años y medio de edad, el cual padece una discapacidad y fue uno de los beneficiarios del programa Corazón Amigo.
Originaria de la ranchería Río Seco y Montaña segunda sección, con 25 años de edad, Isabel Córdova se dedica a labores del hogar y a criar animales, mientras su esposo, es jornalero.
“Tuve un embarazo tranquilo y llevé mi control con normalidad. Pero cuando el niño cumplió un mes, se enfermó y presentó una trombosis cerebral. La secuela fue el diagnóstico de retraso psicomotor”, comenta aún consternada.
Voltea a ver al pequeño y algo reconfortada expresa que “es un milagro de Dios que él esté vivo; en el Hospital del Niño lograron salvarlo, ahí también lleva sus terapias”.
Córdova Jiménez afirma que la ayuda de Corazón Amigo la ahorrará para comprar una férula para las manos, además de leche, pañales, el tratamiento anticonvulsivo y neurológico que necesita su bebé.
En tanto, agradece al DIF estatal, y a la presidenta del Consejo Ciudadano Consultivo de ese organismo, Martha Lilia López Aguilera, porque la apoyaron con un medicamento que debían suministrarle a Candelario, el cual tenía un precio de 8 mil pesos y que, después una petición, fue subsidiado por dicha institución.
PACIENCIA Y MUCHA FE
Candelario es el más pequeño de los cuatro hijos de esta familia, la cual no pierde las esperanzas de que más adelante pueda caminar. “Lo llevamos a rehabilitación en Cárdenas y el doctor nos dice que a lo mejor, con el tiempo, pueda recuperarse un poco; tenemos paciencia y fe de que así será”, manifiesta.
La joven también expresó su reconocimiento al gobierno que encabeza Arturo Núñez Jiménez, por el apoyo que les da con el programa Corazón Amigo, el cual de verdad les ayuda a solventar sus necesidades.