Un centro por derecha dictó una dolorosa sentencia para Cruz Azul, una parábola que llevaba la maldición desde que el balón abandonara el césped para encontrarse, ipso facto, con la inquietante reacción de José Madueña. Las piernas del lateral derecho lo traicionaron a la vez de dejar en vilo y suspenso a la afición celeste que veía cómo el balón entraba a las redes defendidas por José de Jesús Corona apenas a los 10´.
A partir de entonces, los dirigidos por Pedro Caixinha entraron en una vorágine en busca del inmediato empate, mismo que estuvo a punto de llegar a los 12´, con un golpe irónico del destino si se hubiera consumado otro autogol, esta vez por parte de Andrés Mosquera, al igual que Madueña, el lateral derecho de su escuadra. El colombiano tuvo más suerte que el de La Noria y la pelota descansó más allá de línea de fondo.
El siempre fiero León optó en esta ocasión por la pasividad, por la tranquilidad en aras de la supervivencia. Y los dirigidos por Ignacio Ambriz lo lograron en gran parte del primer tiempo, solamente un disparo mortal de José Juan Macías, con poco ángulo y desde fuera del área, irrumpió en el letargo en el que se encontraba el encuentro al acabar el balón en el travesaño.
Pero no, el sentido del humor irónico que a veces existe en el futbol no tiene fronteras. A pocos instantes del descanso, un cobro de tiro libre de Yoshimar Yotún enseñó la luz al final del túnel a los dirigidos por Pedro Caixinha. El peruano hizo lo suyo, sacó el disparo que encontró la pierna de Edwin Lara, tan afortunada como inoportuna a la vez, suficiente para desviar el balón lejos del alcance del portero William Yarbrough y, así, dejar todo igualado.