Patricia González
En el Día Internacional de la Lucha Contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, el psicólogo Luis Evaristo Adán, coordinador estatal de Adicciones de la Secretaría de Salud, en una entrevista de radio señaló que 30 de cada 100 jóvenes entre los 12 y los 17 años de edad consumen marihuana, piedra y cocaína en Tabasco.
El funcionario también señaló que en lo que va de la campaña de “El fentanilo mata” se han detectado tres casos en el estado.
Según el especialista lo que ha aumentado el consumo de estupefacientes en los jóvenes tabasqueños es la falta de comunicación que éstos tienen con sus padres, puesto que el fenómeno se de por causas como la ruptura de las familias o la disfuncionalidad de éstas, es decir, puede ser multifactorial pues de ahí deriva que los jóvenes busque otro tipo de “amistades” fuera del hogar y caigan en el gancho de quienes aprovechan todo tipo de situaciones para ofrecerles una solución a través del consumo de cualquier sustancia adictiva.
El asunto en el consumo de drogas entre este grupo vulnerable, ya que la adolescencia es una de las etapas más complejas para el ser humano, debería no sólo interesarnos sino también involucrarnos en buscar las causas para poder enfrentar y buscar las soluciones posibles para evitar que más adolescentes y jóvenes sean presa no sólo de las drogas sino también de las bandas criminales que los atrapan aprovechándose de las circunstancias.
Es aquí donde entran las diferentes actividades culturales, la educación lúdica y la información correcta difundidas entre las familias, y no sólo entre aquellas que ya tengan el problema con hijos adictos sino también buscar la prevención de este problema que se intensifica a medida que la ruptura familiar, la falta de empleo y oportunidades afectan a la población tabasqueña.
El tema del consumo de narcóticos se extiende en todos los estratos sociales, los detonantes, como se mencionó arriba, son multifactoriales, es decir, no sólo se detecta este problema en las clases sociales bajas sino también en aquellas cuyo poder adquisitivo es alto.
Hay consumidores, desafortunadamente, desde las escuelas secundarias públicas hasta universidades privadas. Esto no es una exageración y habrá a quienes les parezca risible esta aseveración.
EN LA MIRA
La realidad nos ha demostrado que no podemos evadir ciertos problemas, simular que en nuestro entorno se es ajeno al consumo o venta de drogas sería ponernos la soga al cuello para no aceptar esa misma realidad, y que desgraciadamente no podremos hacer nada para contrarrestarla porque decidimos no reaccionar correctamente a tiempo.
Nuestros adolescentes y jóvenes no merecen terminar sus días a tan temprana edad o vagando en las calles en busca de cualquier droga que termine temporalmente con su ansiedad, debemos comunicarnos con ellos y detectar si hay cambios de conducta para diagnosticar si existe algún riesgo de consumo de sustancias que resulten dañinas para su salud física y mental.