Patricia González
Cada año México pierde más de 155 mil hectáreas forestales, sostuvo el lunes pasado la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena. A este problema se suma la alta contaminación de ríos, lagunas y otros cuerpos de agua donde el deterioro ambiental avanza desaforadamente haciendo más difícil el rescate.
Según declaraciones de Alicia Bárcena, el gobierno federal tiene proyectado restaurar al menos unos 50 sitios deteriorados ambientalmente y reforestará 100 mil hectáreas de bosque y manglares.
En Tabasco, sobre todo a mediados de los años 90, se intensificó la degradación de los cuerpos lagunares rellenando los vasos reguladores en las salidas y entradas de la capital, así como a las periferias de la misma ciudad. Este deterioro ha tenido y seguirá teniendo graves consecuencias, no solo ambientales, sino que también afecta la infraestructura vial, esto ya lo constatamos sobre todo en la temporada de lluvias en que se saturan y se inundan ciertas zonas donde se registran hundimientos y encharcamientos.
En aras del desarrollo económico y con el pretexto de tener ciudades cada vez más modernas que compitan con aquellas de países más avanzados, no somos capaces de detener la depredación de nuestras áreas naturales. Lo peor es que prevalecen los intereses privados que imponen su supremacía económica a la justicia social y aplasta de muchas formas el intento de una participación humana, que si bien en los tiempos que corren es más consciente de lo que sucede a su alrededor, aun no instrumenta una argumentación más solida para defender lo que considera causas justas.
Lamentablemente lo que ocurre en pro del deterioro urbano también se replica en las zonas rurales. Véase por ejemplo cuántas hectáreas a lo largo y ancho del estado de Tabasco tienen sembradíos de palma de aceite, producto que si bien es cierto económicamente es redituable para quienes decidieron probar suerte con la extracción de aceite de estas plantas, ecológicamente se verán afectados ya que este tipo de arbolado consume los nutrientes del suelo, provocando que a largo plazo no se obtenga absolutamente nada, semejándose las tierras al árido desierto.
Las malas prácticas ecológicas se diversifican y a la vez se multiplican en nuestro país, estamos en medio de una crisis ambiental que pareciera no nos afecta a pesar del aumento de las temperaturas provocadas por el calentamiento global y la emisión de gases nocivos para todo ser vivió en nuestro planeta.
EN LA MIRA
Durante los próximos cinco años los niveles de temperatura seguirán aumentando entre 1.2 y 1.9 grados Celsius, según estima la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los riesgos climáticos se agudizan, no sólo en nuestro país sino en el mundo entero, y pareciera que estamos haciendo todo lo posible para que nuestro planeta estalle. Talamos más árboles de los que sembramos, todos los desechos orgánicos e inorgánicos van a parar a los mandos de agua que nos rodean. Conscientemente nos empeñamos en destruir la naturaleza que nos alimenta y nos sostiene.
Y si descubriéramos que se pueden habitar otros planetas, seríamos capaces de terminar con ellos, seguramente.