Por David Morales/Avance
Durante décadas, la imagen del hombre que toca una flauta frente a una cobra erguida se consolidó como uno de los símbolos más reconocibles de la India en el cine y la animación. Producciones occidentales y caricaturas del siglo XX reforzaron la escena como una representación exótica, simplificando una práctica tradicional que, en realidad, tenía un origen cultural específico y mucho más complejo, documentado por estudios antropológicos de comunidades nómadas del norte de India.
El llamado encantamiento de serpientes fue practicado principalmente por grupos como los Kalbelia de Rajasthan, reconocidos por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial por sus tradiciones musicales y de danza. Investigaciones etnográficas registradas por esta organización explican que estas comunidades no solo realizaban espectáculos, sino que poseían conocimientos sobre el comportamiento de las serpientes y participaban en la captura y reubicación de ejemplares venenosos.
La popularidad global del acto se disparó con la expansión del cine y el turismo durante el siglo XX. Documentales tempranos y películas de ficción utilizaron al encantador de cobras como símbolo visual inmediato de la India, una imagen que luego fue replicada por estudios de animación estadounidenses y europeos, fijando la idea de que la serpiente respondía a la música, pese a no existir sustento biológico para ello, como señala la Enciclopedia Británica en su entrada sobre ofidios.
Desde el punto de vista científico, la explicación es clara. Las serpientes carecen de oído externo y no perciben melodías como los humanos, según detalla el National Center for Biotechnology Information en estudios sobre la fisiología sensorial de los reptiles. Lo que ocurre durante el espectáculo es una respuesta defensiva ante el movimiento del instrumento y del ejecutante, ya que estos animales reaccionan principalmente a estímulos visuales y vibraciones del entorno.
La cobra, al erguirse y desplegar su capucha, no está siendo hipnotizada ni obedeciendo a la música, sino adoptando una postura de alerta ante una posible amenaza. Esta reacción instintiva ha sido ampliamente descrita en manuales herpetológicos del Smithsonian National Museum of Natural History, donde se explica que el seguimiento del instrumento es visual y no auditivo.
Con el paso del tiempo, la práctica fue cuestionada por razones éticas y de conservación. La Ley de Protección de la Vida Silvestre de India, promulgada en 1972 y analizada por el Ministerio de Medio Ambiente, Bosques y Cambio Climático de ese país, prohibió la posesión y exhibición de serpientes con fines recreativos. Estudios académicos posteriores documentaron que muchos animales sufrían mutilaciones o condiciones inadecuadas para facilitar los espectáculos.
Hoy, el encantamiento de cobras sobrevive más como un mito cultural que como una práctica viva. La escena continúa apareciendo en películas, ilustraciones y recuerdos turísticos, aunque la realidad científica y legal la ha desplazado al terreno del imaginario colectivo. Lo que alguna vez fue una tradición local terminó convertido en un símbolo global, sostenido más por la ficción que por la naturaleza misma de las serpientes.
