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Por David Morales/Avance

Un video viral en TikTok encendió la alarma en redes sociales al asegurar que Egipto había prohibido Roblox de manera definitiva. La afirmación se replicó con rapidez en comentarios, hilos y clips de reacción, hasta instalar la idea de un veto oficial que nunca fue anunciado por las autoridades egipcias. La versión se impuso por repetición, no por evidencia verificable.
La revisión del contexto muestra que Egipto no emitió ningún decreto, ley ni comunicado oficial que prohíba Roblox. Lo que sí ocurrió fueron restricciones técnicas intermitentes de acceso, reportadas por usuarios locales durante distintos periodos entre 2023 y 2024. En varios casos la plataforma presentó caídas, lentitud o bloqueo por proveedor, un patrón ya observado antes con otros servicios digitales en el país.
El entorno regulatorio egipcio ayuda a explicar el fenómeno. A través del organismo regulador de telecomunicaciones y acuerdos con proveedores de internet, el Estado aplica filtrado selectivo de contenidos cuando considera que una plataforma no se ajusta a criterios de seguridad, valores culturales o control de interacción social. Roblox, al permitir mundos creados por usuarios, chat en tiempo real y personalización de avatares, entra con frecuencia en zonas de fricción para marcos conservadores.
Otro eje del debate es la protección de menores. Organismos de seguridad digital y estudios académicos sobre plataformas sociales han señalado riesgos asociados a entornos con interacción abierta, entre ellos fallas de moderación y exposición a contactos no deseados. Aunque Roblox Corporation ha reforzado controles parentales y políticas de seguridad, los gobiernos suelen optar por medidas técnicas preventivas cuando no confían en la autorregulación de empresas extranjeras.
La ausencia de un anuncio oficial es clave para desmontar la narrativa viral. Roblox no confirmó un bloqueo gubernamental y se limitó a reconocer problemas regionales de conectividad, postura consistente con restricciones parciales a nivel de red. En periodos posteriores, algunos usuarios recuperaron el acceso sin cambios legales, mientras otros solo lo hicieron mediante VPN, lo que refuerza la hipótesis de un bloqueo no permanente.
El caso ilustra cómo un video viral puede convertir una restricción técnica en una supuesta prohibición nacional. La desinformación prosperó por el formato breve y emocional de TikTok, que prioriza impacto sobre verificación, y por el historial de control digital del país, que hizo verosímil la versión sin pruebas.
Más allá de Roblox, el episodio revela un choque recurrente entre plataformas globales y Estados con políticas de control de internet. No fue un veto formal a un videojuego, sino una decisión administrativa opaca que, amplificada por redes sociales, terminó presentada como censura absoluta. En tiempos de viralidad, la diferencia entre bloqueo técnico y prohibición legal se diluye con facilidad.