Patricia González/Desde el Cristal
En China, desde el 2021 está regulado por la ley el uso de pantallas por los menores de edad. Un adolescente sólo puede estar 2 horas diarias frente a cualquier tipo de pantallas. En febrero de 2026 entró en vigencia un reglamento nacional de fomento a la lectura. Esta ley refuerza lo que ya estaba previsto para que los niños lean más y pasen menos tiempo con sus dispositivos inteligentes entre las manos. Durante 2024 los niños chinos leyeron en promedio 12 libros por año. En México apenas alcanzamos los 3 libros al año. En Argentina los adultos leen tan solo 5 libros. En Estados Unidos el 40% de su población no leyó ni un libro en todo 2025. El resto leyó solo dos libros.
A pesar de que China es uno de los grandes impulsores de las nuevas tecnologías y las plataformas digitales ha tenido que recurrir a la regularización en el uso de éstas. Los niños chinos leen más que cualquier otro país en el mundo. No es una campaña, dicen, es una ley leer. Política, ley y resultado. Así se trabaja en este país que está superando en muchos sentidos a una de las grandes potencias del mundo: Estados Unidos. También es sabido que en aquel país oriental se regulan los contenidos de plataformas digitales parecidas a lo que en occidente se llama Tik Tok, Instagram, Facebook o X. Los asiáticos saben la desventaja que trae consigo el uso excesivo de los dispositivos electrónicos en la niñez, principalmente.
En realidad uno cree que la existencia de diversas plataformas digitales es sinónimo de libertad o democracia, pero si nos detenemos en la realidad en la que hoy estamos inmersos, somos presa del uso desmedido de las plataformas digitales y el exceso de información real y falsa que circula, y para lo que la gente no está preparada ni formada como para saber qué sí o qué no creer entre todo el bombardeo de contenido que circula en las redes virtuales. Ante las acciones tomadas por China, lo primero que van a decir quienes no quieren imaginar siquiera un poquito, es que esas son actitudes antidemocráticas que vienen de un país comunista, y que son características de una dictadura. Pero este tipo de opiniones no son más que risibles.
Y no se trata de leer por leer, no se trata de la presunción de que al año podamos leer un centenar de libros, tampoco es ese el propósito de estas líneas. Se trata de regular, antes que nada, el uso indiscriminado de los dispositivos digitales entre las nuevas generaciones, de las cuales uno escucha expresiones como “es que ya estos niños nacen con un teléfono celular entre las manos”, o “nacen expertos en la tecnología”.
EN LA MIRA
En nuestro país el gobierno federal incentiva la lectura, publica a través del Fondo de Cultura Económica libros que están al alcance de los ciudadanos, reparte libros gratuitos a los jóvenes, tiene además gente valiosa como los mediadores del Programa Nacional de Salas de Lectura. ¿Pero quién más se involucra en este noble y urgente ejercicio de fomentar el hábito de la lectura? ¿Quién más acompaña el esfuerzo que se hace desde la Federación para que nuestros niños y jóvenes lean más y sean menos adictos a los dispositivos inteligentes y las plataformas digitales?