David Morales
A dos días de enfrentar a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 1986, la selección argentina tenía un problema inesperado. La camiseta azul que había utilizado durante el torneo no convencía al técnico Carlos Bilardo. Era pesada, incómoda y poco adecuada para disputar un partido bajo el intenso sol del Estadio Azteca. Lo que parecía un detalle menor terminaría dando origen a una de las prendas más emblemáticas en la historia del futbol.
Diversos testimonios recopilados durante las décadas posteriores coinciden en que Bilardo pidió conseguir una camiseta más ligera para enfrentar a los ingleses. Rubén Moschella, entonces gerente administrativo de la Asociación del Fútbol Argentino, relató años después que recorrió distintos comercios de la Ciudad de México en busca de una alternativa que cumpliera con las exigencias del entrenador. La búsqueda concluyó con la adquisición de un lote de camisetas azules que posteriormente serían modificadas para convertirse en uniformes oficiales de partido.
Las versiones difieren en algunos detalles. La más difundida señala que las prendas fueron compradas en Tepito, uno de los barrios comerciales más conocidos de la capital mexicana. Sin embargo, aunque esta historia ha sido repetida por periodistas, futbolistas e investigadores, hasta ahora no han aparecido registros periodísticos contemporáneos de junio de 1986 que documenten de manera concluyente el lugar exacto de la compra. Lo que sí puede afirmarse con certeza es que las camisetas fueron adquiridas de emergencia en comercios de la Ciudad de México y adaptadas a contrarreloj.
La transformación del uniforme fue una labor artesanal. Al lote original se le añadieron escudos de la AFA y números plateados que fueron colocados manualmente. Algunas fotografías históricas muestran incluso pequeñas diferencias entre una camiseta y otra, producto de la improvisación con la que fueron confeccionadas.
El escritor e investigador argentino Andrés Burgo, autor de diversas obras sobre el Mundial de 1986, ha señalado que aquella operación se realizó apenas horas antes del encuentro frente a Inglaterra. La urgencia respondía a una obsesión característica de Bilardo, quien buscaba cualquier ventaja posible para un partido cargado de tensión deportiva y simbólica apenas cuatro años después de la Guerra de las Malvinas.
Entre las distintas camisetas disponibles hubo una que llamó especialmente la atención de Diego Maradona. Jorge Valdano recordó en entrevistas posteriores que el capitán argentino observó una de las prendas y expresó su aprobación. La frase ha sido citada en múltiples reconstrucciones históricas del episodio y terminó inclinando la decisión definitiva del cuerpo técnico.
Nadie podía imaginar entonces que aquella camiseta improvisada estaba destinada a convertirse en un objeto legendario. Con ella, Maradona marcó dos de los goles más recordados de todos los tiempos. Primero llegó la polémica Mano de Dios. Minutos después apareció el llamado Gol del Siglo, una carrera de más de medio campo en la que el argentino dejó atrás a varios rivales antes de vencer al arquero Peter Shilton.
Argentina ganó aquel partido por 2-1, avanzó hasta la final y terminó conquistando el campeonato mundial. La camiseta azul utilizada esa tarde quedó asociada para siempre a uno de los capítulos más trascendentes del futbol. Décadas después, una de las prendas usadas por Maradona alcanzaría un valor millonario en una subasta internacional.
La historia conserva zonas grises. No existe evidencia documental suficiente para asegurar con absoluta certeza que las camisetas provinieron específicamente de Tepito. Lo que sí está fuera de discusión es que nacieron de una improvisación, fueron aprobadas por Maradona y terminaron acompañando una de las actuaciones más memorables que haya presenciado una cancha de futbol.