Patricia González/Desde el Cristal
Hace algunos días el presidente Donald Trump acusaba a Irán de ser un país “deshonesto” porque, según él, no había cumplido el acuerdo de cese al fuego mientras estaban precisamente en pláticas de paz. Ante el duro golpe que le ha dado la realidad de perder una guerra a pesar de tener el ejército más poderoso del mundo, arremete contra Cuba y contra nuestro país.
No le queda de otra al peor presidente que ha tenido hasta ahora Estados Unidos. Por si alguien pensaba que George Bush hijo lo era.
El inquilino de la Casa Blanca se ha convertido en el hazmerreir de todo mundo, él lo sabe, y por eso arremetió contra la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la reunión del G7.
Su pobre narrativa de que la Presidenta mexicana es una mujer asustada ya no le funciona, insiste que en México gobiernan los cárteles narcotraficantes. Ya se sabe que es una cantaleta ante los resultados negativos que ha tenido el magnate en las guerras que ha emprendido después de haber asegurado que él era el presidente de la paz.
La presidenta Sheinbaum, al contrario de él, se ha mantenido congruente no solo en su discurso sino también en su forma de actuar hacia el mandatario estadounidense. Ha demostrado respeto hacia la investidura que representa el personaje en cuestión, no se enreda en las provocaciones de éste ni de la gente que quisiera que la jefa del Ejecutivo mexicano cayera en la trampa de enfrentarse verbalmente con él.
Recientemente la delegada de los Programas para el Bienestar en el estado de Chiapas, Manuela Obrador, se refirió al presidente estadounidense de manera incorrecta y por este motivo será sancionada. Las expresiones contra Donald Trump no representan la postura del Gobierno de México, aseveró la presidenta Sheinbaum. ¿Trump respeta a la presidenta Sheinbaum?
Lo que el mundo sabe es que el magnate que encabeza el gobierno de los Estados Unidos es solamente una persona inconstante, por lo tanto, incongruente: hoy tiene una opinión y mañana esa misma opinión se viene abajo.
Al fin y al cabo solo demuestra lo que es realmente: un político sin oficio acostumbrado a faltar a su propia palabra, que incumple acuerdos, que no tiene la seriedad suficiente para tomar decisiones. Esto lo reconocen hasta los propios ciudadanos estadounidenses, pues ven cómo su país se derrumba ante un sinnúmero de acciones que no hacen más que debilitar a la otrora potencia del mundo. El liderazgo de Trump es el de aquellos personajes que llevan a sus propios países a la decadencia.
Quien no respeta las soberanías ajenas es porque en el fondo sabe que su imperio está cayendo y difícilmente saldrá del precipicio.
La ausencia de diplomacia en las actitudes del mandatario estadounidense no sólo se ha visto contra la presidenta Claudia Sheinbaum sino contra todo aquel líder que no se doblega ante el poder económico ni militar de los Estados Unidos.
EN LA MIRA
Hemos sido testigos de cómo este tipo de personajes ha hecho daño al mundo y a los propios ciudadanos a los que gobierna. Trump ha arremetido a través de ICE contra los habitantes de Minnesota, ha perseguido migrantes y ha deshecho familias sin importar los derechos humanos de nadie.
Su conducta es reprobable por dondequiera que se le vea y se pavonea con la impunidad que el poder le otorga. Quien así actúa cava su propia derrota.