Patricia González/Desde el Cristal
Parece que el Honduras Gate -amnistía a un ex presidenta acusado de narcotráfico y lavado en EU- se puso en marcha en las pasadas elecciones en Colombia. La desinformación y factores externos como el intervencionismo estadounidense traducidos en campañas de miedo y terror pudieron ser factores en los resultados de las elecciones.
Esos factores se recrudecieron con el asalto a Venezuela el 3 de enero de este año. Los quieren repetir en una Cuba diezmada con un brutal bloqueo económico.
Si se revisan las redes virtuales como el Tik Tok, Instagram, X y Facebook se observa que a los consumidores de contenido que sólo divulga diversión caen fácilmente rendidos a los pies de ese lenguaje fácil que sataniza las palabras “comunismo”, “socialismo”, “izquierda” y “progresismo”.
Hay quienes se atreven a repetir que “el populismo de izquierda” fue derrotado en Colombia ignorando que el populismo existe a su manera en la derecha y en las diversas expresiones incluso religiosas.
Esto sucede cuando en la profundidad de cualquier Estado se cree que la formación académica es superior a la educación cultural o espiritual que sólo pueden proporcionar la literatura y la filosofía.
La verdad que se busca a través de estas dos maneras (materias) en que el pensamiento humano indaga acerca de la realidad que nos rodea van más lejos y tienen un alcance mayor si comparamos la preparación técnica que el individuo obtiene en la etapa temprana de su existencia hasta la adultez que comprende la edad antes de llegar a los 40 años.
La velocidad y la cantidad con que suceden uno tras otro los videos que se transmiten a través de las plataformas digitales es tan vertiginosa que un individuo la puede experimentar hasta por más de 8 horas consecutivas sin tener conciencia del tiempo transcurrido.
El contenido, que se mezcla de modo deliberado no solo con los algoritmos que definen el interés de los usuarios sino que también obedecen a una clara manipulación dirigida para que los navegantes en las redes se distraigan más de lo que tenían planeado dedicándose al ocio del intelecto que no hace más que alejarnos de la realidad.
Un consumidor de bailes, chistes, o cualquier otro tipo de entretenimiento que no signifique invertir un poco de reflexión o pensamiento crítico, estará distraído de aquello que realmente afecta la calidad de vida individual y comunitaria.
Una usuaria comenta sobre lo ocurrido el pasado domingo en las jornadas electorales en Colombia: “Nunca creí que vería libre a Venezuela y ahora a Colombia.
Ahora sólo me falta ver cómo se libera Cuba”. El comentario es tan elemental que uno puede darse cuenta que quien lo hizo desconoce los procesos históricos de los países que menciona y que tampoco se detiene en el análisis de los contextos.
EN LA MIRA
El lenguaje y las palabras que lo conforman son muy importantes. ¿Qué es lo que se comunica hoy a los cibernautas? ¿Cómo se influye en ellos para que su pensamiento se autolimite y ejerzan la autocensura al mismo tiempo? Sencillamente hay que saturar las redes hasta el infinito con un contenido dirigido a provocar la risa, la diversión que mata literalmente el tiempo; manipular la información para que el individuo no se detenga a cuestionar y mucho menos profundice en los temas que apremian en un sistema cada vez menos justo en un mundo cada vez más finito.