Agencia/ciudad de México
La mejor versión de México terminó por divertirse en la cancha del Estadio Ciudad de México, que durante la segunda parte principalmente fue su jardín recreativo en una fiesta que jamás se olvidará. Ahí corrió Mateo Chávez de extremo a extremo para anotar el suyo y Gil Mora dio un delicioso pase que culminó con el tanto de Quiñones, hoy oficialmente, el mejor naturalizado en la historia de esta selección. Pero además, Álvaro Fidalgo selló su amor por México con su gol.
La demostración mexicana raya en una de las mejores que existan en la historia de los Mundiales. Si Checoslovaquia fue en 1962 el parteaguas histórico al ser a quien se le ganó por primera vez en Mundiales, muchos años después sucedió la misma historia de hadas con un 3-0 categórico.
Chequía les propuso un partido con las navajas afiladas y eso embrolló el juego mexicano en el primer tiempo. Con una alineación casi nueva, cinco cambios con respecto al último partido ante Corea, el Tri mostró desconexión en casi todas sus líneas.
Ahora sí, con el estadio convertido en un bunker de guerra, el Tri espera rival en dieciseisavos y de manera ilustre se planta en el Mundial que coordinó junto a Estados Unidos y Canadá que para nada asemejan su fiesta con la que envuelve a los mexicanos.
La gente enloqueció con el triunfo de MéxicoEduardo Jiménez
Con el cartel de favorito, de paso la Selección Mexicana cerró su tercer juego sin recibir anotación y se predispone a marcar una historia hacía la ronda de cuartos de final, instancia que no alcanza desde 1986, cuando también en casa colgó listones de organización.
Luis Romo, que batalló en el medio campo por trascender, se enganchó en una pelea contra tres checos a los que les ganó la bola para puntearla al extremo derecho. Sin ser su zona, apareció ahí Mateo Chávez que salió de su área asediada para ganar por velocidad y marcar un gol que descorchó a Chequia.