David Morales

Cuando México e Inglaterra salten este fin de semana a la cancha del Estadio Azteca no sólo estará en juego un boleto a los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026. El encuentro reunirá algunos de los capítulos más emblemáticos de la historia del futbol y pondrá frente a frente a dos selecciones que llegan con argumentos suficientes para pensar en la victoria.

Para Inglaterra, el Azteca representa uno de los escenarios más dolorosos de su historia. Fue ahí donde, en los cuartos de final del Mundial de 1986, cayó 2-1 ante Argentina en un partido inmortalizado por los dos goles de Diego Armando Maradona. El primero pasó a la historia como la «Mano de Dios» y el segundo es considerado por la FIFA como el mejor gol anotado en una Copa del Mundo. Aquella derrota continúa siendo una herida abierta para el futbol inglés y convierte el regreso al Azteca en un episodio cargado de simbolismo.

Sin embargo, el rival de Inglaterra no será el recuerdo de Argentina, sino un México que atraviesa uno de sus mejores momentos mundialistas en décadas. El conjunto dirigido por Javier Aguirre llega invicto, sin recibir un solo gol y después de superar con autoridad la fase previa del torneo. La solidez defensiva se ha convertido en su principal carta de presentación y ha despertado el entusiasmo de una afición que vuelve a ilusionarse con alcanzar unos cuartos de final, instancia que el Tricolor no disputa desde el Mundial de 1986.

El escenario tampoco es un detalle menor. México nunca ha perdido un partido de Copa del Mundo disputado en el Estadio Azteca. De acuerdo con el análisis estadístico de Opta Analyst, la selección mexicana acumula ocho victorias y dos empates en ese inmueble dentro de los mundiales, una marca que convierte al estadio en uno de los recintos más difíciles para cualquier visitante. Más allá de la historia, el Azteca combina tres factores que suelen inclinar la balanza a favor del local; una altitud superior a los 2 mil 200 metros, cerca de 90 mil aficionados y una selección completamente adaptada a esas condiciones.

La altitud ha sido precisamente la principal preocupación del cuerpo técnico inglés. El entrenador Thomas Tuchel reconoció en conferencia de prensa que ningún equipo puede aclimatarse completamente en apenas unos días y admitió que el mayor desafío no será el rival, sino las condiciones fisiológicas que impone la Ciudad de México. Especialistas consultados por El País recordaron que la adaptación a esa altitud requiere al menos una semana para comenzar a producir cambios significativos en el organismo, mientras que Inglaterra apenas dispondrá de unos cuantos días antes del encuentro.

No obstante, los especialistas consideran que Inglaterra posee argumentos futbolísticos para equilibrar esa desventaja. Un análisis publicado por Opta Analyst otorga a los europeos una ligera ventaja estadística para avanzar de ronda, con una probabilidad cercana al 41 por ciento frente al 32 por ciento de México. La diferencia radica principalmente en la calidad individual de su plantilla y en un estilo de juego más vertical, capaz de acelerar las transiciones y romper defensas cerradas.

En contraste, el diario británico The Guardian sostiene que el partido enfrentará dos formas opuestas de entender el futbol. Mientras Inglaterra privilegia la circulación rápida del balón y los ataques directos, México ha construido su éxito a partir del orden defensivo, la paciencia y el control de los tiempos del encuentro. Para el medio inglés, si los europeos consiguen imponer un ritmo alto desde el inicio podrían obligar al Tricolor a salir de su zona de confort. Pero si el desgaste físico provocado por la altitud aparece conforme avancen los minutos, el escenario podría favorecer a los anfitriones.

El historial reciente también alimenta la expectativa. México presume una racha de más de una década sin perder un partido oficial en el Azteca y sólo ha sufrido dos derrotas competitivas en ese estadio desde principios de este siglo. Sin embargo, analistas de Sports Mole advierten que Inglaterra será, probablemente, el rival de mayor jerarquía que enfrente el conjunto mexicano en casa durante ese periodo, una prueba que permitirá medir el verdadero alcance de este equipo.

La presión también recaerá sobre las principales figuras. Inglaterra dependerá nuevamente del liderazgo goleador de Harry Kane y del talento creativo de Jude Bellingham, mientras que México buscará mantener la fortaleza defensiva que lo ha distinguido durante el torneo y aprovechar el respaldo de un estadio que volverá a vestirse de verde.

El pronóstico permanece abierto. Sobre el papel, Inglaterra posee una plantilla con mayor valor de mercado y futbolistas acostumbrados a competir semanalmente en las principales ligas europeas. Pero el futbol rara vez se decide únicamente por los nombres. La localía, la altura, el ambiente del Azteca y el momento anímico de México convierten este duelo en uno de los más equilibrados de los octavos de final.

Cuarenta años después de que el Azteca fuera testigo de una de las derrotas más recordadas del futbol inglés, el estadio volverá a ser escenario de un partido con aroma de historia. Esta vez no habrá Maradona en la cancha, pero sí una selección mexicana que busca escribir su propio capítulo frente a uno de los gigantes del futbol mundial.