David Morales

Durante gran parte de la historia de Villahermosa, el río Grijalva fue al mismo tiempo la principal vía de comunicación y el mayor obstáculo para la movilidad de la ciudad. Mucho antes de la construcción de los puentes que hoy conectan ambas márgenes, el cruce del río dependía de canoas, lanchas de pasaje, chalanes y balsas que diariamente transportaban personas, mercancías, ganado e incluso vehículos.

Diversas fuentes históricas coinciden en que desde la época prehispánica el Grijalva constituyó la principal arteria de comunicación del territorio tabasqueño. Estudios arqueológicos sobre la cultura maya-chontal, así como investigaciones del historiador tabasqueño Manuel Gil y Sáenz en Apuntes para la historia de Tabasco (1872), documentan que las poblaciones indígenas utilizaban grandes canoas de un solo tronco para navegar el sistema Grijalva-Usumacinta y establecer rutas comerciales entre comunidades del Golfo y el interior del sureste.

Tras la fundación de San Juan Bautista, hoy Villahermosa, el río mantuvo ese papel central. Durante la época colonial y buena parte del siglo XIX, la ciudad creció de espaldas a las carreteras y orientada hacia el agua. Embarcaciones de vela y posteriormente vapores atracaban diariamente en los embarcaderos del malecón para transportar cacao, maderas preciosas, plátano, ganado y mercancías provenientes de Frontera, Macuspana, Jonuta y otros puntos de la cuenca. Obras como Compendio histórico, geográfico y estadístico del Estado de Tabasco (1877), también de Manuel Gil y Sáenz, describen al Grijalva como la principal «carretera natural» del estado antes del desarrollo de la infraestructura terrestre.

Sin embargo, para quienes habitaban en la margen opuesta del río, particularmente en la entonces villa de Gaviotas y comunidades cercanas, cruzar hacia el centro de Villahermosa era una actividad cotidiana que dependía exclusivamente de embarcaciones de pasaje. Crónicas reunidas en Villahermosa, nuestra ciudad narran que desde finales del siglo XIX y durante buena parte del XX existían lancheros dedicados exclusivamente al transporte de personas entre ambas orillas. El servicio funcionaba de manera continua desde tempranas horas de la mañana hasta entrada la noche y constituía un elemento indispensable para trabajadores, estudiantes, comerciantes y funcionarios públicos.

Con la llegada del automóvil durante las primeras décadas del siglo XX surgió una nueva necesidad. Ya no bastaba transportar pasajeros; también era indispensable mover vehículos entre ambas márgenes. Para ello comenzaron a utilizarse chalanes o transbordadores, plataformas flotantes impulsadas inicialmente por remolcadores y posteriormente por motores propios. Estos permitían cruzar automóviles, camiones de carga y maquinaria pesada cuando aún no existía un puente permanente sobre el Grijalva.

Las Memorias de Gobierno del Estado correspondientes a las décadas de 1940 y 1950, así como informes de la entonces Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, señalan que el incremento del parque vehicular y la expansión urbana hicieron insuficiente el sistema de chalanes. En horas pico podían formarse largas filas de vehículos esperando su turno para cruzar el río, situación que comenzaba a representar un obstáculo para el desarrollo económico de la capital.

La solución llegó con la construcción del primer puente permanente sobre el Grijalva en Villahermosa. Diversos registros oficiales ubican su inauguración durante el gobierno de Carlos Alberto Madrazo Becerra, como parte del programa de modernización vial impulsado entre 1959 y 1964. La nueva infraestructura transformó por completo la movilidad de la ciudad, facilitó la expansión urbana hacia la margen oriental y redujo la dependencia de los antiguos servicios fluviales.

A pesar de ello, las embarcaciones de pasaje no desaparecieron de inmediato. Durante varios años continuaron operando en zonas donde aún no existían conexiones terrestres suficientes y siguieron siendo un medio de transporte cotidiano para comunidades ribereñas. Incluso hoy, en distintos municipios tabasqueños, lanchas y transbordadores permanecen como parte esencial de la movilidad local.

Cronistas como Manuel Mestre Ghigliazza y autores de Villahermosa, nuestra ciudad coinciden en que comprender la historia de Villahermosa exige entender su relación con el Grijalva. Antes de los puentes, el río no dividía a la ciudad; por el contrario, era el eje que articulaba su economía, su crecimiento urbano y la vida cotidiana de miles de tabasqueños.