David Morales

Cada 7 de julio se conmemora el Día Mundial del Cacao, una efeméride dedicada a reconocer el valor histórico, cultural, económico y ambiental de uno de los cultivos más emblemáticos de Mesoamérica. Aunque actualmente el cacao se produce en más de 50 países, México ocupa un lugar privilegiado en su historia, pues fue en su territorio donde las civilizaciones prehispánicas domesticaron y otorgaron un profundo significado cultural a esta planta. Dentro del país, ningún estado mantiene un vínculo tan estrecho con el cacao como Tabasco, considerado desde hace siglos la principal región cacaotera nacional.

Investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura coinciden en que el cacao (Theobroma cacao) fue domesticado hace más de 3 mil años en la región mesoamericana. El nombre científico, otorgado por Carlos Linneo en el siglo XVIII, significa «alimento de los dioses», reflejando la importancia que esta especie tuvo para las antiguas civilizaciones.

Diversos hallazgos arqueológicos realizados en el sitio de Aguada Fénix y en otros asentamientos olmecas y mayas del sureste mexicano, junto con análisis químicos publicados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, han encontrado residuos de teobromina —el principal alcaloide del cacao— en recipientes cerámicos con más de tres milenios de antigüedad. Estas evidencias respaldan que el consumo del cacao se desarrolló tempranamente en el sureste de México.

Para las culturas olmeca, maya y posteriormente mexica, el cacao trascendía su valor alimenticio. El Instituto Nacional de Antropología e Historia documenta que los granos fueron utilizados como moneda de intercambio, tributo entre pueblos y elemento ceremonial. Además, la bebida preparada con cacao era reservada para gobernantes, sacerdotes y ceremonias religiosas, convirtiéndose en un símbolo de prestigio y poder.

Actualmente, México representa una pequeña proporción de la producción mundial, dominada por países africanos como Costa de Marfil y Ghana. Sin embargo, su importancia radica en la conservación de variedades nativas y sistemas tradicionales de cultivo. De acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, durante los últimos años la producción nacional ha oscilado entre 27 mil y 30 mil toneladas anuales de cacao.

Dentro de esa producción, Tabasco aporta alrededor del 65 al 70 por ciento del cacao mexicano, consolidándose como el principal productor nacional, seguido por Chiapas. Según cifras del SIAP, el estado cuenta con más de 40 mil hectáreas sembradas, concentradas principalmente en los municipios de Comalcalco, Cunduacán, Cárdenas, Jalpa de Méndez, Huimanguillo y Centro.

El cacao también representa una fuente importante de empleo. Información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural señala que miles de familias tabasqueñas dependen directa o indirectamente de esta actividad mediante la producción, transformación, comercialización y elaboración de chocolates artesanales, contribuyendo significativamente a la economía rural del estado.

Uno de los aspectos que distingue al cacao tabasqueño es su sistema tradicional de cultivo. Investigaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias explican que gran parte de las plantaciones se desarrollan bajo sistemas agroforestales, donde el cacao crece protegido por árboles de mayor tamaño como cedros, macuilís, motés y frutales. Estos sistemas favorecen la conservación del suelo, la biodiversidad y la captura de carbono, convirtiéndose en un modelo reconocido de agricultura sostenible.

Tabasco también conserva un importante patrimonio agroindustrial relacionado con el cacao. En Comalcalco se encuentran algunas de las haciendas cacaoteras más antiguas del país, varias de las cuales han evolucionado hacia centros de producción artesanal, museos y espacios de turismo rural donde se preservan métodos tradicionales de fermentación, secado y elaboración del chocolate.

La relevancia internacional del cacao tabasqueño quedó reflejada en 2010, cuando la gastronomía tradicional mexicana fue inscrita por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Entre los productos emblemáticos reconocidos figura el cacao, cuya utilización en bebidas y alimentos constituye una herencia culinaria con profundas raíces prehispánicas.

Además de su valor económico, el cacao posee una importante riqueza biológica. Estudios publicados por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias indican que sus semillas contienen compuestos fenólicos, flavonoides y antioxidantes asociados con diversos beneficios para la salud cuando se consumen en productos con alto contenido de cacao y bajo procesamiento.

Actualmente, uno de los principales desafíos para el sector consiste en enfrentar enfermedades como la moniliasis y la escoba de bruja, así como los efectos del cambio climático. Para responder a estas amenazas, instituciones como el INIFAP, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y el Colegio de Postgraduados desarrollan investigaciones orientadas al mejoramiento genético, la conservación de variedades criollas y el fortalecimiento de prácticas agrícolas sostenibles.

El Día Mundial del Cacao representa así mucho más que una celebración gastronómica. En Tabasco recuerda la historia de una planta que acompañó el desarrollo de las primeras civilizaciones mesoamericanas, impulsó el comercio prehispánico y continúa siendo fuente de identidad, patrimonio cultural y sustento para miles de familias. En cada mazorca de cacao cultivada en las tierras tabasqueñas permanece viva una tradición agrícola que ha trascendido más de tres mil años y que sigue proyectando al estado como la capital cacaotera de México.