David Morales
El 8 de julio de 1563, el explorador y conquistador Francisco de Ibarra fundó la Villa de Guadiana, asentamiento que con el paso del tiempo se convertiría en la actual ciudad de Durango y en la capital del estado homónimo. La fundación respondió al interés de la Corona española por consolidar su presencia en el norte de la Nueva España, controlar las rutas mineras y fortalecer la colonización de una vasta región que posteriormente integraría el antiguo Reino de Nueva Vizcaya.
Durante la segunda mitad del siglo XVI, la expansión española avanzaba hacia el norte impulsada por el descubrimiento de importantes yacimientos de plata en Zacatecas y otras regiones. Según el historiador Philip Wayne Powell en La guerra chichimeca (1550-1600), el avance colonial enfrentó una fuerte resistencia de diversos pueblos originarios, entre ellos zacatecos, tepehuanes, acaxees y xiximes, lo que obligó a la Corona a establecer nuevos centros de población para asegurar el control del territorio y proteger las rutas comerciales.
Uno de los personajes más importantes en ese proceso fue Francisco de Ibarra, originario del País Vasco y sobrino del influyente minero Diego de Ibarra. Desde muy joven encabezó expediciones hacia el septentrión novohispano en busca de nuevas minas y territorios. Investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia indican que entre 1554 y 1563 recorrió amplias zonas de los actuales estados de Durango, Chihuahua, Sinaloa y Sonora, estableciendo asentamientos que facilitaron la expansión española.
El 8 de julio de 1563, Francisco de Ibarra fundó oficialmente la Villa de Guadiana en el valle del mismo nombre, un sitio elegido por su disponibilidad de agua, tierras aptas para la agricultura y cercanía con importantes distritos mineros. De acuerdo con documentos resguardados en el Archivo General de Indias, la nueva población fue concebida como centro administrativo de la recién creada provincia de Nueva Vizcaya, una jurisdicción que comprendía extensos territorios del norte de la Nueva España.
Pocos años después, Guadiana fue elevada al rango de ciudad y se convirtió en la capital de Nueva Vizcaya. El historiador José Ignacio Gallegos Caballero señala que desde allí se organizaron expediciones de exploración, campañas militares y actividades comerciales que contribuyeron a la integración económica del norte novohispano.
El crecimiento de la ciudad estuvo estrechamente vinculado a la minería. Durante los siglos XVI y XVII, la explotación de plata y otros minerales impulsó el desarrollo económico regional, mientras que la agricultura y la ganadería abastecían tanto a la población local como a los centros mineros. Investigaciones de la Universidad Juárez del Estado de Durango destacan que la ciudad también adquirió relevancia por la construcción de templos, conventos y edificios civiles que hoy forman parte de su patrimonio histórico.
La fundación de Guadiana representó igualmente el inicio de un profundo proceso de transformación para los pueblos indígenas de la región. Diversos estudios del INAH documentan que la expansión colonial modificó las formas tradicionales de organización social, el uso del territorio y las dinámicas económicas de comunidades como los tepehuanes. Estas transformaciones dieron origen a conflictos, procesos de evangelización y mestizaje que marcaron el desarrollo histórico del norte de México.
Con el paso de los siglos, la ciudad adoptó el nombre de Durango, en referencia a la localidad vasca de donde era originario Francisco de Ibarra. Actualmente, su Centro Histórico de Durango conserva una importante colección de edificios coloniales, motivo por el cual ha sido reconocido como una de las zonas históricas mejor preservadas del país. Además, la ciudad se ha consolidado como un referente cultural y cinematográfico, al servir durante décadas como escenario de numerosas producciones nacionales e internacionales.