David Morales
El 9 de julio de 1986 falleció en la Ciudad de México Nellie Campobello, una de las figuras más importantes de la cultura mexicana del siglo XX. Reconocida por su doble trayectoria como escritora y bailarina, Campobello revolucionó la enseñanza de la danza en México, fundó el Ballet de la Ciudad de México y dejó una de las obras literarias más relevantes sobre la Revolución Mexicana. Su legado permanece vigente tanto en la historia de las artes escénicas como en la literatura nacional.
Nacida como María Francisca Moya Luna el 7 de noviembre de 1900 en Villa Ocampo —aunque algunas fuentes históricas sitúan su nacimiento en Hidalgo del Parral, Chihuahua—, vivió su infancia en el norte del país durante los años más intensos de la Revolución Mexicana. Aquellas experiencias marcaron profundamente su vida y posteriormente inspiraron buena parte de su obra literaria. De acuerdo con la investigadora Adriana Pacheco, Campobello fue una de las pocas autoras que narró la Revolución desde la mirada de una niña, ofreciendo una perspectiva distinta a la de los grandes relatos militares.
Su libro más conocido, Cartucho. Relatos de la lucha en el Norte de México (1931), es considerado un clásico de la literatura revolucionaria. A diferencia de otras novelas sobre el conflicto, Campobello reconstruyó episodios cotidianos, personajes anónimos y escenas de violencia observadas durante su infancia en Chihuahua. El historiador y crítico literario Emmanuel Carballo destacó que Cartucho constituye uno de los testimonios más originales sobre la Revolución Mexicana por su lenguaje directo, sensibilidad narrativa y valor documental.
Años más tarde publicó Las manos de mamá (1937), obra donde combinó memoria, autobiografía y literatura para retratar el papel de las mujeres durante el conflicto armado. Investigaciones del Instituto de Investigaciones Filológicas consideran ambos libros fundamentales para comprender la participación femenina y la vida cotidiana en el México revolucionario.
Paralelamente, Nellie Campobello desarrolló una extraordinaria carrera como bailarina y coreógrafa. Junto con su hermana Gloria Campobello impulsó la profesionalización de la danza escénica en el país. Durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas del Río recibió el respaldo de la Secretaría de Educación Pública para fortalecer la enseñanza artística, convirtiéndose en una de las principales promotoras del ballet en México.
En 1931 fue nombrada directora de la Escuela Nacional de Danza, institución dependiente de la Secretaría de Educación Pública, cargo que desempeñó durante casi cinco décadas. Historiadores de la danza, como Alberto Dallal, señalan que su labor permitió establecer programas académicos permanentes para la formación de bailarines profesionales y consolidó la enseñanza de la danza clásica y moderna en México.
Entre sus mayores aportaciones destaca la creación del Ballet de la Ciudad de México, agrupación con la que impulsó la producción de coreografías inspiradas en la historia y la identidad nacional. Asimismo, fue responsable de montar el ballet 30-30, estrenado en 1931 para conmemorar el aniversario de la Revolución Mexicana, considerado uno de los primeros espectáculos coreográficos con temática histórica producidos en el país.
No obstante, los últimos años de su vida estuvieron rodeados de incertidumbre. En 1984 desapareció de la vida pública en circunstancias que durante años permanecieron sin esclarecer. Investigaciones posteriores realizadas por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México y difundidas por especialistas revelaron que había sido víctima de aislamiento, manipulación y despojo patrimonial por personas cercanas. Su fallecimiento ocurrió el 9 de julio de 1986, aunque la noticia no fue conocida públicamente sino hasta 1998, cuando las autoridades localizaron sus restos e identificaron oficialmente el caso. El episodio es considerado uno de los más lamentables en la historia reciente del patrimonio cultural mexicano.
A pesar de ese trágico desenlace, la figura de Nellie Campobello ha sido ampliamente revalorada. La Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y diversos centros de investigación reconocen hoy su contribución al desarrollo de la danza profesional y de la literatura mexicana. Sus textos continúan estudiándose en universidades dentro y fuera del país, mientras que su trabajo coreográfico es considerado uno de los pilares sobre los que se construyó la danza escénica nacional.