Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) y diversos centros de investigación coinciden en que el litoral del estado enfrenta uno de los procesos de erosión costera más importantes del país.
David Morales/AVANCE
Durante décadas, la costa de Tabasco ha experimentado un cambio silencioso que hoy resulta imposible de ignorar. Donde antes existían playas amplias, dunas y vegetación costera, actualmente el oleaje alcanza terrenos que hace apenas algunos años permanecían tierra adentro. El caso de la comunidad de El Bosque, en Centla, hizo visible una problemática que especialistas advierten continúa presente a lo largo del litoral tabasqueño.
Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) y diversos centros de investigación coinciden en que el litoral del estado enfrenta uno de los procesos de erosión costera más importantes del país, resultado de la combinación entre el aumento gradual del nivel medio del mar, el hundimiento natural del terreno, la disminución del aporte de sedimentos provenientes de los ríos, la pérdida de manglares y el impacto constante del oleaje y los frentes fríos.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ha documentado que el nivel medio del mar continúa aumentando a escala global debido principalmente al calentamiento de los océanos y al deshielo de glaciares y capas polares. Aunque el incremento anual parece pequeño, sus efectos se vuelven especialmente notorios en regiones bajas como Tabasco, donde más de la mitad del territorio costero se encuentra apenas unos metros por encima del nivel del mar.
Especialistas publicados en la revista Estudios Demográficos y Urbanos señalan que esta condición convierte a Tabasco en una de las entidades mexicanas con mayor vulnerabilidad ante la elevación del nivel del mar, ya que incluso variaciones relativamente pequeñas pueden traducirse en inundaciones más frecuentes, pérdida de playas y desplazamiento de comunidades costeras.
El ejemplo más representativo es El Bosque, localidad del municipio de Centla que durante años observó cómo el mar destruía viviendas, calles e infraestructura hasta hacer necesaria la reubicación de sus habitantes. Sin embargo, investigadores advierten que la desaparición parcial de esta comunidad no representa el final del fenómeno, sino apenas una de sus manifestaciones más visibles.
Estudios sobre la dinámica costera del Golfo de México indican que otros sectores de los municipios de Centla, Cárdenas y Paraíso continúan registrando retrocesos de la línea de costa, proceso mediante el cual el mar avanza progresivamente sobre terrenos que anteriormente permanecían secos.
La erosión costera no implica necesariamente que todas las playas desaparezcan al mismo tiempo. Mientras algunas zonas mantienen una relativa estabilidad, otras pierden varios metros de arena cada año dependiendo de factores como la intensidad del oleaje, la presencia de vegetación costera y la disponibilidad de sedimentos que naturalmente alimentan las playas.
Investigadores del Instituto de Ingeniería de la UNAM explican que el problema se intensifica por la subsidencia, un proceso mediante el cual el terreno desciende lentamente por causas naturales y actividades humanas. Cuando este fenómeno coincide con el aumento del nivel del mar, el efecto sobre las costas se vuelve considerablemente mayor.
A ello se suma la pérdida de manglares y dunas costeras, ecosistemas que históricamente han funcionado como barreras naturales frente al oleaje. Su deterioro reduce la capacidad del litoral para absorber la energía de las marejadas y favorece que el mar continúe modificando la línea de costa.
Las proyecciones científicas no anticipan que Tabasco desaparezca bajo el agua en el corto plazo, pero sí indican que, de mantenerse las tendencias actuales del cambio climático y sin medidas de adaptación suficientes, la erosión costera continuará modificando gradualmente el paisaje del litoral durante las próximas décadas.
Ante este escenario, especialistas coinciden en que la restauración de manglares, la protección de dunas, la planeación territorial y el monitoreo permanente de la costa serán determinantes para reducir el impacto sobre las comunidades que habitan una de las regiones más vulnerables del Golfo de México.
