Patricia González/Desde el Cristal
En 2011 las empresas Televisa y TV Azteca encabezaron junto con 715 medios de comunicación la firma de un pacto de silencio con el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, con el pretexto de “establecer criterios editoriales comunes para no difundir propaganda ni terror del crimen organizado, proteger a la población y evitar el manejo sensacionalista de las víctimas”. No hay que olvidar que a Genaro García Luna le encantaba el sensacionalismo, y que montó un operativo contra una banda de supuestos secuestradores encabezados por Israel Vallarta y Florence Cassez.
El gobierno panista de Calderón no quería pagar el costo político, no asumiría su responsabilidad por la guerra que había desatado para legitimarse como presidente de México después del fraude electoral de 2006. La estrategia de seguridad tuvo como resultado el derramamiento de sangre de miles de mexicanos que el mismo panismo llamaría “daños colaterales”. Esto fue un ejercicio de censura y autocensura del gobierno y los medios de comunicación que firmaron el acuerdo. Lo avalaron a cambio de jugosos contratos publicitarios, cosa que continuó durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y que se terminó a la entrada del régimen lopezobradorista a partir del 2018.
En este sentido, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha propuesto nuevos lineamientos sobre los derechos de las audiencias para la autorregulación de los medios y reforzar el derecho a la información veraz en radio y televisión. La gran mayoría de esos 715 medios que estuvieron de acuerdo con la no difusión de la guerra calderonista ahora reclaman “censura” por esta nueva propuesta, algo que resulta contradictorio porque diariamente se difunde en todo el país el estado en que se encuentra la seguridad pública además de los reportes presentados por la mesa de seguridad en las conferencias matutinas que ofrece la Ejecutiva federal dando respuestas a los medios que asisten a Palacio Nacional de lunes a viernes.
Para nadie es extraño que hoy se difundan noticias falsas como comenzaron a circular desde el inicio del sexenio de López Obrador y sabemos muy bien de dónde viene esa andanada desinformativa y cuáles son sus objetivos. Un es nuevo ni exagerado afirmar que uno de los principales medios donde a diario se desinforma a la audiencia en los noticieros de TV Azteca. Momentos donde los picos de desinformación alcanzaron los máximos registros fueron durante la pandemia del COVID-19 y otro momento fue durante la polémica de los nuevos libros de texto gratuitos contemplados como parte de la reforma educativa propuesta por el entonces presidente AMLO. “Que con los nuevos libros el gobierno morenista intentaba traer de vuelta el comunismo” decían las editoriales comandadas por Ricardo Salinas Pliego.
Los desinformantes aseguran que la presidenta Sheinbaum quiere censurar las redes sociales, sin embargo ella ha aclarado que la regulación solo comprende a la radio y la televisión, y tampoco se incluye a la prensa escrita como aquellos que difunden entrevistas falsas. Cada medio nombrará a quien defienda a las audiencias bajo un código de ética interno; si no se aplica esto, entonces habrá multas. Recordemos, además, que radio y televisión son medios concesionados.
EN LA MIRA
Puestos a criticar por todo al gobernador Javier May, los derrotados en las elecciones del 2024 no sólo difunden rumores sobre su salud sino que hasta le adjudican el uso de relojes y prendas costosas. Versiones que al final resultan falsas, pero que replican para engañar. Así no es la política que necesita el pueblo.