Por David Morales
El 12 de agosto se celebra globalmente el Día Internacional de la Juventud, una fecha instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución 54/120 adoptada en diciembre de 1999. El propósito fundamental de esta conmemoración es dirigir la atención de los gobiernos y de la sociedad civil sobre los problemas que afectan a la población joven, promoviendo al mismo tiempo su participación activa en la construcción de políticas públicas, el desarrollo sostenible y la gobernanza democrática.
El antecedente directo de esta fecha se remonta a la Conferencia Mundial de Ministros de la Juventud, celebrada bajo los auspicios de la ONU en Lisboa, Portugal, del 8 al 12 de agosto de 1998. Durante dicho encuentro, las delegaciones gubernamentales concluyeron que era imperativo consolidar un marco de acción internacional que diera continuidad a los compromisos asumidos previamente en 1985, cuando la ONU proclamó el primer Año Internacional de la Juventud bajo el lema «Participación, Desarrollo y Paz».
De acuerdo con las proyecciones demográficas de las Naciones Unidas, en el planeta habitan actualmente más de 1,800 millones de personas jóvenes entre los 10 y 24 años. Esta cifra representa la cohorte juvenil más numerosa registrada en la historia humana, concentrándose la inmensa mayoría de ellos en países en vías de desarrollo. A pesar de este inmenso potencial transformador, los jóvenes enfrentan desafíos estructurales astronómicos: elevadas tasas de desempleo e informalidad laboral, limitaciones en el acceso a educación tecnológica superior, afecciones a la salud mental agudizadas tras la pandemia de COVID-19 y el impacto desigual del cambio climático.
En el contexto mexicano, los informes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan que en el país residen más de 30 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, lo que equivale a poco más del 25 % de la población total. Este bono demográfico exige la implementación urgente de estrategias multisectoriales que faciliten una transición exitosa de las aulas al mercado laboral formal, combatan la precariedad salarial e impulsen el emprendimiento tecnológico. Cada año, la conmemoración aborda ejes prioritarios —como la transformación digital, las competencias verdes y la inclusión social— para instar a los Estados miembros a consolidar políticas públicas con presupuesto asignado para la juventud.