Patricia González

Vaya que para las élites del capital estadounidense el éxito se mide en el aumento del armamentismo mundial y al mismo tiempo dicen buscar la paz. Por supuesto imaginarán ustedes, queridos lectores, quiénes venden las armas. “Un gran éxito”, dijo el presidente Donald Trump al final de la cumbre de los 32 países en la OTAN. Nada más y nada menos se exige a esos mismos países el 5% del PIB en inversión armamentista. 

El aumento de la capacidad militar es más importante porque hacer la guerra es el mejor negocio que ha inventado el ser humano. Como en el negocio de los estupefacientes ilegales, la necroeconomía rinde y genera más dinero, ganancias, aunque a la par quienes ponen las víctimas son los pueblos que tienen que asumir las consecuencias de las decisiones tomadas por sus líderes, personajes oscuros que dicen cuidar de la nación que dirigen pero que se alían realmente con hombres de negocios, los buscadores y promotores del éxito. 

Dice el periódico La Jornada en la sección Mundo de ayer: “Esta inversión debería permitir incrementar de manera global 30 por ciento las capacidades, quintuplicar el volumen de las defensas antiaéreas y añadir miles de tanques a los arsenales de la alianza, detalló el secretario general de la OTAN, Mark Rutte”. Y pareciera que leemos el guion de una película de acción hollywoodense, de esas donde Estados Unidos es el héroe que salva al mundo de las catástrofes que causan países “enemigos”. 

Estos señores, líderes mundiales, son los administradores de la guerra mientras propagan la miseria en un mundo cada vez más diezmado, hundido en la miseria, además de ser los responsables del calentamiento global y el cambio climático que hoy aqueja en todo el mundo, aunque para ellos no existan daños colaterales, sino el éxito de una organización como la OTAN que no busca más que ser la alcahueta de un país como los Estados Unidos que inventan pretextos o se inmolan a sí mismos para invadir y obtener las riquezas naturales de otras naciones. 

“Ninguna tiene la honestidad de confesar: ‘Yo mato para robar’”, dice el uruguayo Eduardo Galeano cuando se refiere a las guerras. Y es verdad, los países poderosos se alían justamente para despojar a quienes ven como los más débiles, o confabulan contra aquellos que no lo son. No les importa cuánta gente será victimada. Aunque como los “grandes seres humanos” que son lean qué tan sensible resultan en esas cumbres donde negocian la guerra: “El capítulo del 1.5 por ciento incluye, igualmente, el concepto de resiliencia; es decir, todo aquello que la sociedad civil necesita en caso de conflicto para superar crisis.”

“Superar crisis”, una crisis que podría evitarse más que prevenirse. 

EN LA MIRA

Sin embargo prevalece sobre la cordura la voracidad del capital, en pleno siglo XXI cuando se supone que la barbarie la dejamos hace unos cuantos miles de años. Somos civilizados pero devoramos a nuestros semejantes, solo que lo hacemos a la moderna, con el uso de la mejor tecnología para que no parezcamos seres primitivos. Podemos alardear de ser una civilización avanzada…pero también avanzamos hacia la destrucción de la especie.