Patricia González

Alejandro (Alito) Moreno es de esos políticos escurridizos que se formaron en el régimen priista, de aquellos que tienen disciplina y cualidades que pudieran usarse en el servicio público para servir a la gente, pero que sus ambiciones han llevado por el camino de las pillerías aprovechando las coyunturas políticas y las mañas que les enseñaron aquellos cuya máxima es “el que no tranza no avanza” o la hankiana “un político pobre es un pobre político” (Carlos Hank).

Se le acusa de haber desviado 83.5 millones de pesos, hecho que pudo haber sucedido mientras fue gobernador del vecino estado de Campeche entre los años 2015-2019. No podemos olvidar aquella serie de audios expuestos por la gobernadora Layda Sansores en sus famosos “Martes del Jaguar” en el cual mostraba las formas de operar recursos y negociar acuerdos que apuntan a una personalidad llena de avaricia. Por cierto que, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) le ordenó a la gobernadora campechana bajar uno de los programas donde se exponían audios de WhatsApp entre Alito Moreno y el morenista Ricardo Monreal. El amparo le fue concedido al coordinador de Morena en la Cámara de Diputados federal porque “se afectó su derecho a la privacidad y al honor”. Muy honorable el señor.

La petición de desafuero contra Alito Moreno ya había sido interpuesta en 2022 por parte de la Fiscalía General del Estado de Campeche, y fue por una acusación de enriquecimiento ilícito. Ahora le tocó el turno a la Fiscalía Anticorrupción de Campeche, ante la Secretaría General de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. 

Con seguridad el senador campechano le echará la culpa a la presidenta Claudia Sheinbaum de una persecución política en su contra, pues no se ha cansado de acusarla de encabezar una dictadura (donde él con toda libertad se expresa y hasta calumnia) y sacará a relucir toda su capacidad discursiva para defenderse evadiendo una comparecencia ante las autoridades que lo solicitan haciendo uso de su fuero político.

Aquí sorprende la lentitud y la ineficacia de las autoridades que no dan un seguimiento a este tipo de casos que dañan la imagen que el pueblo tiene de los funcionarios públicos de todos los niveles. Y claro, esa lentitud se presta para darle la razón a este tipo de políticos que se defienden hasta con las uñas aunque tengan responsabilidad de lo que se les acusa. La gente cree entonces que no hay seriedad o que este tipo de situaciones son solo simulación o circo político. 

Moreno es el clásico político habilidoso, ese que para algunos es ejemplo de éxito en nuestro país y vemos que hay quienes hasta lealtad le demuestran incluso al referirse a él como una gran personalidad a quien le rinden pleitesía. 

EN LA MIRA

Este tipo de personajes no son más que oportunistas que han demostrado tener habilidades para vivir del presupuesto público y hacer negocios jugosos al amparo del poder político que han conseguido a base de chanchuyos. Esa imagen cinematográfica que nos recuerda La ley de Herodes y que desafortunadamente ha sido una constante en la mayoría de los políticos mexicanos. Por eso, lo que sucede actualmente con el caso de Hernán Bermúdez Requena debe servir para limpiar la política mexicana.