David Morales/Avance

Narciso Mendoza, recordado en la historia nacional como El Niño Artillero, es una de las figuras más singulares del movimiento insurgente. Su participación durante el sitio de Cuautla de 1812 lo colocó como ejemplo del papel que incluso los más jóvenes desempeñaron en la lucha contra el dominio realista, un episodio narrado por diversos historiadores de la Independencia y citado en recopilaciones como el Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México.
Originario de Cuautla, Mendoza tenía apenas doce años cuando ocurrió el asedio que marcó su nombre en la memoria colectiva. Las crónicas militares describen que, en un momento crítico del ataque realista, el niño operó un cañón insurgente bajo instrucción de los oficiales rebeldes, acción que logró contener el avance enemigo. Investigadores del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México señalan este hecho como parte de los momentos decisivos que permitieron resistir el sitio y reforzar el carácter simbólico de la defensa insurgente.
Además de su participación en 1812, existen referencias documentales que demuestran la autenticidad de su figura. Entre ellas destaca una carta firmada por el propio Mendoza en 1864, resguardada en el Archivo Histórico Municipal de Cuautla y mencionada en memorias de archivo difundidas por el municipio de Centro en Tabasco. Ese documento muestra que, ya adulto, el antiguo artillero buscó reconocimiento por su intervención en la causa independiente, confirmando que su historia trasciende el mito y se sustenta en registros reales.
La figura del Niño Artillero ha sido retomada en ceremonias cívicas, estudios regionales y libros de educación básica como emblema de valentía infantil en la lucha por la libertad. Historiadores como Ernesto de la Torre describen su participación como una de las anécdotas más difundidas del sitio de Cuautla, un episodio que formó parte del impulso militar y moral que sostuvo el proyecto insurgente en el sur del país.
La memoria de Narciso Mendoza ha trascendido el estado de Morelos y se ha incorporado a la identidad urbana de distintas ciudades del país. En Villahermosa, su nombre está presente en dos calles, la primera Niño Artillero y la segunda Narciso Mendoza en el centro de la ciudad. Directorios urbanos y recopilaciones locales, como las que aparecen en el portal De Tabasco Soy, registran esta vía entre las calles que llevan nombres de figuras históricas nacionales. Con ello, la capital tabasqueña suma la memoria del joven insurgente a su red de referentes históricos, incorporándolo a la vida cotidiana de la ciudad y perpetuando un episodio fundamental de la lucha independentista mexicana.