Esta fecha también impulsa a pequeños emprendimientos locales, que encuentran en el cupcake una oportunidad para innovar, atraer nuevos públicos y fortalecer economías creativas. (FOTO: FH).

La celebración fue instituida en 2006 por Dianne Laine, una empresaria estadounidense que propuso dedicar un día a este postre con un enfoque altruista

Felipe Hernández/AVANCE

Este 15 de diciembre se celebra el Día Mundial del Cupcake, una fecha dedicada a uno de los postres más pequeños y populares del mundo. Aunque su tamaño es modesto, el cupcake se ha convertido en un símbolo de celebración, creatividad y convivencia, presente en fiestas, vitrinas y encuentros cotidianos alrededor del planeta.

La celebración fue instituida en 2006 por Dianne Laine, una empresaria estadounidense que propuso dedicar un día a este postre con un enfoque altruista, su iniciativa buscaba que panaderías, reposteros aficionados y consumidores se sumaran mediante donaciones, eventos y ventas especiales destinadas principalmente a organizaciones en favor de la infancia, con el tiempo, la idea se extendió a distintos países, adoptando un carácter global.

El origen de este popular postre se remonta al siglo XIX en Estados Unidos, cuando comenzaron a popularizarse recetas que utilizaban tazas como medida estándar para los ingredientes, estas preparaciones, conocidas como “number cakes”, facilitaban el proceso de horneado en una época en la que no todas las cocinas contaban con básculas.

El nombre cupcake surgió precisamente de esta práctica y del uso de pequeñas tazas o moldes individuales para hornearlos. Esta innovación permitió reducir el tiempo de cocción y obtener porciones exactas, lo que hizo al postre práctico y accesible.

Durante el siglo XX y especialmente a partir de la década de los dos mil, el cupcake vivió un resurgimiento impulsado por la cultura urbana y los medios de comunicación. Se transformó en un lienzo comestible donde la creatividad se expresa a través de betunes, rellenos y combinaciones inesperadas.

Esta fecha también impulsa a pequeños emprendimientos locales, que encuentran en el cupcake una oportunidad para innovar, atraer nuevos públicos y fortalecer economías creativas, ferias, talleres y degustaciones convierten la celebración en un punto de encuentro donde el sabor funciona como lenguaje común entre generaciones y culturas diversas actuales.

Más que un postre, el cupcake representa un gesto de cercanía, una tradición compartida y una muestra de que lo pequeño también puede dejar una huella dulce y significativa.