Patricia González/Desde el Cristal
La salud mental de nuestros jóvenes es importante para la formación académica, pero más aún para el desarrollo humano y la sana convivencia en el entorno próximo que significan las escuelas y la raíz principal de las sociedades, la familia, ese núcleo donde se origina el ser humano del presente y el futuro. En ello, los padres de familia y los profesores o docentes tienen un lazo directo que no debe evadirse de ninguna manera.
En este sentido, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo presentó ayer en su conferencia matutina la estrategia nacional de salud mental ‘ABC de las emociones’ para jóvenes de 14 a 18 años de edad, padres de familia, cuidadores y docentes. Recientemente hubo un tiroteo en la pirámide de La Luna en Teotihuacan, y apenas hace unas semanas supimos del lamentable deceso de dos profesoras a manos de un adolescente en una escuela preparatoria en Lázaro Cárdenas, Michoacán. Algo debe hacerse, y las acciones propuestas por el Gobierno federal deben tomarse en cuenta, analizarse, modificarse si es necesario y ajustarlas para que los resultados positivos se vean reflejados en un cambio de mentalidad que debe involucrar no sólo el sistema educativo sino también a los ciudadanos de todos los extractos sociales de nuestro país.
Mariana Pérez Gay, coordinadora en la Subsecretaría de Prevención a las Violencias de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, informó que se promocionará en distintos espacios públicos y medios de comunicación una campaña de sensibilización y se distribuirán guías entre estudiantes, padres de familia y docentes que tienen que ver con los desórdenes mentales y cómo afrontarlos cuando esté plenamente identificados. Mencionó que se planea realizar actividades de integración escolar, brigadas de apoyo, centros comunitarios, líneas telefónicas y de mensajes para apoyar a quienes lo soliciten.
No sólo se deben de tomar en serio estas propuestas, hay que aplicarlas correctamente sin afectar la estabilidad emocional del profesorado, y es ahí donde la Secretaría de Educación Pública debe sensibilizar también a su plantilla administrativa e involucrarse en la tramitología que en la realidad realizan aquellas personas que están frente a los grupos pero sin tomar en cuenta la correcta capacitación para reaccionar ante eventualidades que pudieran poner en riesgo la vida de los educandos y los profesores responsables, a quienes se les debe reducir precisamente la carga administrativa que raya en lo burocrático para que se pueda ocupar del gran número que conforman dichos grupos.
Es decir, para que la estrategia realmente funcione se tiene que permitir que los docentes retomen su labor como tales, el de la enseñanza, recuperar el respeto que se merecen por parte de las autoridades educativas y administrativas, quienes también deben hacer lo que les corresponde para que el engranaje educativo funcione realmente. Reordenar cada quien sus funciones para que el proceso enseñanza-aprendizaje no se vea interrumpido y de esta manera administrar el tiempo que se necesita para poner en marcha el ABC de las emociones en las que en realidad la afectación no es solamente de los alumnos sino de los padres y profesores en conjunto.
EN LA MIRA
Hay que otorgar las facilidades necesarias a la estrategia propuesta por el Gobierno federal, es cierto, pero el compromiso lo tienen que asumir las autoridades educativas más allá de los protocolos y las fotografías pues el problema de los desajustes emocionales es estructural y muy profundo. Sin intimidaciones, autoridades y administrativos deberían pararse un día entero frente a los grupos de estudiantes para comprender que no es tan fácil ser docente en un país donde la descomposición social ha generado un ambiente violento durante varias décadas.