La soledad no deseada es un sentimiento doloroso de insatisfacción por la falta de conexiones sociales que una persona desearía tener, ya sea en cantidad o calidad, y no es lo mismo que estar solo físicamente. (FOTO: GENERADA POR LA IA).

Investigaciones en psicología social y salud pública, publicadas por la Organización Mundial de la Salud y por universidades europeas y americanas, señalan que la soledad no deseada se asocia con un mayor riesgo de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares

David Morales/Avance

El Día Internacional contra la Soledad No Deseada se impulsa desde organismos sociales, académicos y de salud pública como una jornada de sensibilización sobre un fenómeno que afecta a personas de distintas edades y contextos. Aunque no se trata de una efeméride oficial proclamada por la ONU, su reconocimiento se apoya en estudios científicos y diagnósticos elaborados por instituciones internacionales que advierten sobre el impacto de la soledad involuntaria en la salud física y mental.

Investigaciones en psicología social y salud pública, publicadas por la Organización Mundial de la Salud y por universidades europeas y americanas, señalan que la soledad no deseada se asocia con un mayor riesgo de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares. Estos estudios distinguen entre estar solo por elección y la experiencia de aislamiento social no buscado, esta última considerada un factor de riesgo comparable al sedentarismo o al tabaquismo en términos de salud.

El envejecimiento poblacional, los cambios en la estructura familiar y la transformación de las relaciones sociales han contribuido a que este problema gane visibilidad. Informes técnicos de organismos especializados en políticas sociales explican que la soledad no deseada afecta de manera especial a personas adultas mayores, pero también a jóvenes, migrantes y personas en contextos urbanos densos donde, paradójicamente, el aislamiento puede ser mayor.

Frente a este panorama, estudios de intervención social destacan la importancia de acciones comunitarias, redes de apoyo y políticas públicas orientadas a la inclusión. Programas documentados por centros de investigación social muestran que el fortalecimiento de espacios comunitarios, el acceso a servicios de salud mental y la promoción de vínculos intergeneracionales pueden reducir los efectos del aislamiento.

El Día Internacional contra la Soledad No Deseada invita a reconocer que la conexión humana es una necesidad básica. Más allá de la conmemoración, la fecha plantea un llamado a repensar la convivencia, la atención a la salud emocional y la responsabilidad colectiva de construir entornos donde nadie quede aislado sin haberlo elegido.