David Morales/Avance
Durante siglos, la tradición popular ha presentado a los llamados Reyes Magos como tres monarcas llegados del Oriente para adorar al niño Jesús. Sin embargo, una lectura atenta del Evangelio de Mateo y el análisis histórico del contexto bíblico muestran una figura distinta, más cercana a la realidad del mundo antiguo y alejada de la imagen folclórica que se consolidó con el paso del tiempo.
El texto bíblico se limita a llamarlos magos, un término que en el siglo I no hacía referencia a hechiceros ni a reyes, sino a sabios orientales dedicados al estudio de los astros, los sueños y los signos del cielo. La palabra procede del ámbito persa y babilónico, donde estos especialistas cumplían funciones religiosas, científicas y, en algunos casos, consultivas en cortes y centros de poder.
El Evangelio no especifica cuántos magos llegaron a Judea. La idea de que eran tres surge únicamente del número de regalos mencionados, oro, incienso y mirra, pero el texto nunca afirma que cada presente correspondiera a una persona. Tampoco se registran nombres propios, los cuales aparecerían siglos después en escritos apócrifos y en la tradición cristiana medieval.
La identificación de los magos como reyes tampoco tiene respaldo directo en el relato bíblico. Esta asociación se desarrolló a partir de interpretaciones simbólicas de pasajes del Antiguo Testamento que hablaban de reyes extranjeros rindiendo tributo al Mesías. Con el tiempo, esa lectura teológica se transformó en una afirmación histórica dentro del imaginario popular.
Mateo señala únicamente que los magos venían de Oriente, una expresión amplia que en la antigüedad podía abarcar regiones como Persia, Babilonia o Arabia. Todas estas zonas compartían una fuerte tradición astronómica y astrológica.
, lo que ayuda a comprender por qué el relato menciona la observación de una estrella como detonante del viaje.
Desde la exégesis bíblica, la estrella no necesariamente debe entenderse como un fenómeno astronómico identificable, sino como un signo narrativo cargado de sentido .