Agencia/Ciudad de México
El empate entre los Rayos del Necaxa y los Tigres UANL en la Jornada 15 del torneo Clausura 2026 dejó mucha tela de donde cortar, pero no precisamente por lo ocurrido con el balón. La atención de la opinión pública se centró en la figura de Katia Itzel García, quien fungió como la árbitra central en el Estadio Victoria. Pese a su reciente nombramiento para la justa mundialista, la silbante enfrentó una ola de señalamientos debido a la forma en que gestionó la autoridad frente a la máxima estrella del equipo regiomontano: André-Pierre Gignac.
Lo que para algunos resultó una escena curiosa de “fair play”, para los expertos y aficionados más exigentes representó una preocupante pérdida de jerarquía en el campo de futbol. La tensión escaló cuando el atacante europeo comenzó a interactuar con la jueza de una manera que pocos jugadores se atreven con otros silbantes de la Primera División.
El primer momento de fricción ocurrió al minuto 52, tras una jugada confusa en el área del guardameta Ezequiel Unsain. Originalmente, García señaló un saque de banda para los locales, pero tras los airados reclamos de los visitantes y una consulta con su asistente, rectificó para otorgar un tiro de esquina a la escuadra felina. La polémica surgió justo después, cuando Gignac se aproximó a la silbante para pedirle que le “chocara las manos”.
Este gesto de complicidad desató la furia en redes sociales y mesas de análisis. Muchos consideraron que Katia Itzel García permitió una familiaridad excesiva que rompió con la distancia institucional que debe existir entre un juez y un competidor.
La crítica principal radicó en que, bajo las mismas circunstancias, otros futbolistas habrían recibido una amonestación por el simple hecho de invadir el espacio personal de la autoridad de esa manera tan informal.