Por David Morales/Avance
Desde hace poco más de una década, una iniciativa nacida en Países Bajos busca enfrentar uno de los problemas ambientales más visibles y persistentes del planeta. The Ocean Cleanup, organización sin fines de lucro fundada en 2013 por el ingeniero Boyan Slat, se propuso desarrollar tecnología capaz de retirar el plástico ya existente en océanos y, al mismo tiempo, frenar su llegada desde ríos altamente contaminados. La premisa es simple en apariencia, limpiar donde otros no han podido.
El proyecto opera bajo un enfoque dual. Por un lado, despliega sistemas flotantes en mar abierto que aprovechan las corrientes oceánicas para concentrar residuos, especialmente en zonas de acumulación como el Gran Parche de Basura del Pacífico. Por otro, instala interceptores en ríos estratégicos, considerados las principales arterias por donde el plástico terrestre termina en el mar. Ambos frentes buscan atacar el problema desde el origen y desde sus consecuencias.
Las cifras recientes dimensionan su impacto. Hasta finales de 2025, The Ocean Cleanup ha retirado más de 45 millones de kilogramos de residuos plásticos de ríos y océanos a nivel global. Solo en 2025 se recolectaron más de 25 millones de kilos, una cantidad que supera ampliamente los resultados de años previos y que refleja un crecimiento acelerado en su capacidad operativa y tecnológica.
El programa de ríos se ha convertido en una pieza clave. En 2024, los interceptores lograron extraer más de 11 millones de kilogramos de desechos, elevando el total acumulado en ríos a más de 20 millones de kilos. Estos sistemas, que operan con energía solar y pueden funcionar de manera continua, evitan que grandes volúmenes de plástico lleguen al océano, donde su recuperación resulta más compleja y costosa.
En mar abierto, los sistemas de limpieza han evolucionado tras varios años de pruebas y fallos iniciales. El modelo más reciente, conocido como System 03, ya opera de forma regular en el Pacífico Norte y permite capturar residuos a mayor escala, con monitoreo constante para reducir riesgos a la fauna marina. El plástico recolectado se transporta a tierra firme para su clasificación y reciclaje.
El objetivo de largo plazo es ambicioso. La organización plantea reducir hasta en 90 por ciento el plástico flotante de los océanos para el año 2040, combinando limpieza activa, prevención en ríos y estudios científicos que orienten políticas públicas. Según sus propias estimaciones, limpiar por completo el Gran Parche de Basura del Pacífico sería técnicamente posible en una década, aunque con costos que rondarían miles de millones de dólares.
El contexto global muestra la magnitud del reto. Cada año ingresan entre ocho y doce millones de toneladas de plástico a los océanos, y se estima que entre 75 y 199 millones de toneladas ya se encuentran acumuladas en el ambiente marino. Frente a estas cifras, el impacto de The Ocean Cleanup aún es parcial, pero sus resultados marcan un precedente tecnológico y operativo que no existía hace apenas unos años.
Más allá de los números, el proyecto ha reavivado el debate sobre la responsabilidad compartida entre innovación, consumo y gestión de residuos. Limpiar el océano no resuelve por sí solo el problema, pero demuestra que la contaminación plástica no es irreversible. En esa tensión entre urgencia ambiental y soluciones a largo plazo, The Ocean Cleanup sigue intentando convertir la basura flotante en una oportunidad para repensar la relación humana con el mar.
