Por David Morales/Avance
El Día Mundial del Chicle recuerda la presencia de uno de los productos más comunes del consumo diario, cuyo origen se remonta a prácticas antiguas. El acto de masticar sustancias naturales fue documentado por estudios arqueológicos mucho antes de la industrialización del chicle moderno.
Investigaciones del Instituto Smithsoniano y registros etnográficos señalan que civilizaciones mesoamericanas, como los mayas, utilizaban el látex del árbol del chicozapote. Este material, conocido como chicle natural, cumplía funciones higiénicas y rituales, además de ser parte de la vida cotidiana.
La transformación del chicle en un producto industrial ocurrió a finales del siglo XIX. Documentos históricos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y archivos de patentes registran el desarrollo de fórmulas comerciales basadas en chicle natural y, posteriormente, en polímeros sintéticos.
Desde el punto de vista científico, estudios de odontología y nutrición han analizado los efectos del chicle en la estimulación salival y la higiene bucal. Publicaciones académicas indican que su uso ha sido objeto de regulación y análisis sanitario conforme evolucionaron sus ingredientes.
El Día Mundial del Chicle pone en perspectiva cómo una práctica ancestral se convirtió en un producto global. Su historia refleja la adaptación de saberes tradicionales, avances industriales y hábitos de consumo que han acompañado a distintas generaciones sin perder vigencia cultural.
