Por David Morales/Avance
En círculos digitales y foros de análisis internacional ha resurgido el llamado índice de pizza, una hipótesis informal que sugiere que el aumento inusual de pedidos de pizza cerca de centros de poder político y militar puede coincidir con momentos de crisis o decisiones estratégicas de alto nivel. Aunque no es una herramienta oficial, su reciente viralización ha reabierto el debate sobre el uso de señales cotidianas como indicadores indirectos de tensión geopolítica.
El origen de esta idea se remonta a la Guerra Fría, cuando repartidores y comercios cercanos al Pentágono y al Departamento de Estado en Washington detectaron picos repentinos de actividad durante jornadas nocturnas atípicas. Estudios históricos y testimonios recogidos por investigadores culturales estadounidenses, así como registros del Smithsonian National Museum of American History, han señalado coincidencias temporales entre estos aumentos y eventos como la invasión a Panamá en 1989 o la Operación Tormenta del Desierto en 1991.
La lógica detrás del índice no es militar ni económica, sino operativa. La pizza es un alimento práctico para largas jornadas de trabajo, fácil de compartir y rápido de consumir. En situaciones de emergencia, cuando equipos completos permanecen concentrados durante horas, la alimentación se vuelve funcional. Desde esta perspectiva, el índice no intenta explicar decisiones, sino observar rutinas alteradas en momentos excepcionales.
En años recientes, la teoría ha sido retomada por comunidades dedicadas a la inteligencia de fuentes abiertas, conocidas como OSINT, un campo estudiado por instituciones académicas como la Universidad de Georgetown y el NATO Strategic Communications Centre of Excellence. Estas comunidades cruzan datos públicos como horarios comerciales, mapas de actividad urbana y movilidad para detectar patrones anómalos, donde el consumo de alimentos aparece como una señal secundaria dentro de un conjunto más amplio.
El renovado interés por el índice de pizza coincide con el acceso masivo a datos casi en tiempo real y con un contexto global marcado por tensiones diplomáticas constantes. Plataformas tecnológicas permiten observar cambios súbitos en zonas específicas, lo que ha llevado a reinterpretar viejas teorías bajo una nueva capa de análisis digital, aunque sin validación metodológica sólida.
Especialistas en análisis de datos advierten que no existe evidencia científica que respalde la capacidad predictiva del índice. Investigaciones en estadística aplicada, como las promovidas por la American Statistical Association, señalan que estos picos pueden responder a múltiples factores ajenos a la política internacional. Más que una herramienta fiable, el índice de pizza refleja la forma en que la sociedad contemporánea busca leer el poder a través de signos mínimos, mezclando curiosidad, desconfianza institucional y cultura digital.