Por Felipe Hernández/Avance
Cada 16 de enero, el picante se convierte en protagonista de una celebración que cruza fronteras y despierta los sentidos, “El Día Internacional de la Comida Picante” reconociendo a los sabores intensos que forman parte de la identidad culinaria de muchos países.
En nuestro país, el picante es mucho más que un condimento, el chile está presente en la gran mayoría de los alimentos cotidianos y acompaña desayunos, comidas y cenas, costumbre que no es reciente, pues su consumo se remonta a tiempos ancestrales y sigue vigente como símbolo de herencia cultural y orgullo nacional.
Aunque no existe una explicación oficial sobre por qué se eligió el 16 de enero, la fecha sirve para rendir homenaje a los condimentos picantes. El objetivo principal es reconocer su valor cultural y culinario, así como su capacidad para reunir a las personas alrededor de la mesa.
En la antigua Mesoamérica, el chile ocupaba un lugar fundamental en la alimentación diaria, los pueblos originarios lo cultivaban mediante sistemas agrícolas como la milpa y las chinampas, junto con el maíz y el jitomate, formaba la base de una dieta equilibrada y profundamente ligada a la naturaleza.
El sabor intenso del chile se debe a la capsaicina (compuesto químico responsable del picor), concentrada principalmente en la parte interna del fruto. Este elemento no solo transforma el gusto de los alimentos, sino que también ofrece beneficios nutricionales que fueron aprovechados desde épocas prehispánicas.
México destaca por la enorme variedad de chiles que se cultivan en su territorio, de los más conocidos son el jalapeño, el habanero o el guajillo, así como otros menos difundidos que reflejan la riqueza regional.
Además de su importancia cultural, el chile es reconocido por sus aportes a la salud, pues es una fuente notable de vitaminas A y C, nutrientes esenciales para el sistema inmunológico y la piel, también contiene antioxidantes que ayudan a proteger al organismo del desgaste celular.
El consumo moderado de picante puede favorecer el metabolismo gracias a la capsaicina, que ayuda a activar la digestión y reducir el apetito. Asimismo, posee propiedades antiinflamatorias y mejora la circulación.
Su presencia en la cocina diaria demuestra que el picante sigue siendo un elemento vivo, capaz de adaptarse a nuevas recetas sin perder su esencia original en todo el país.
