Por Felipe Hernández/Avance
Cuando se habla de velocidad, casi todos piensan en kilómetros por hora, la medida habitual en carreteras y ciudades, sin embargo, en el mar la lógica cambia por completo. Barcos y embarcaciones no utilizan kilómetros, sino nudos, una unidad que puede parecer extraña para quienes no están familiarizados con la navegación, pero esta diferencia no es casual ni moderna, sino el resultado de siglos de práctica marítima.
En tierra firme, calcular distancias resulta sencillo gracias a la abundancia de puntos de referencia, señales, caminos y mapas que permiten medir trayectos con facilidad, pero en el mar el horizonte es uniforme y no existen marcas visibles, es por eso que los navegantes desarrollaron un sistema que les permitiera calcular velocidad y distancia de manera práctica, fiable y directa, incluso en condiciones difíciles y sin instrumentos avanzados.
Un nudo es una unidad de velocidad que equivale a una milla náutica por hora, la milla náutica, a su vez, mide exactamente 1,852 metros. Este sistema nació en el siglo XVI, cuando los marineros lanzaban una cuerda con nudos espaciados regularmente por la popa del barco, con un reloj de arena medían el tiempo y contaban cuántos nudos pasaban por sus manos para conocer la velocidad de navegación.
Aunque hoy los barcos cuentan con GPS, los nudos siguen utilizándose porque encajan de forma perfecta con los mapas marinos, la clave está en que una milla náutica equivale a un minuto de arco de latitud, esto permite calcular distancias directamente sobre las cartas náuticas sin conversiones complicadas, algo vital cuando la rapidez y la precisión pueden marcar la diferencia en alta mar.
El kilómetro, pese a ser muy útil en tierra, no guarda relación directa con las coordenadas geográficas, usarlo en navegación obligaría a realizar constantes cálculos adicionales. Por esta razón, toda la infraestructura marítima mundial se basa en millas náuticas y nudos, desde las cartas de navegación hasta los sistemas de control de tráfico y la formación de marinos en cualquier país.
Este mismo criterio explica por qué los aviones también miden su velocidad en nudos, pues la aviación heredó muchos conceptos de la navegación marítima, ya que ambos se desplazan sobre grandes superficies guiándose por coordenadas. Así, pilotos y controladores utilizan un lenguaje común que simplifica rutas, reportes meteorológicos y comunicaciones internacionales en el aire.
Incluso hoy, los nudos siguen presentes en la cultura y el lenguaje, el término conserva su significado original en muchos idiomas, recordando aquellas cuerdas anudadas que permitieron a los marineros medir su avance, más que una curiosidad, los nudos son la prueba de que algunas ideas antiguas siguen siendo las más eficaces para entender y recorrer nuestro planeta.
