Por Felipe Hernández/Avance
Cada 24 de enero, el mundo detiene la mirada en la educación como un pilar esencial para el futuro. Esta fecha fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2018 para reconocer el papel que la enseñanza desempeña en la paz, el desarrollo y la construcción de sociedades más justas e igualitarias.
La educación abre puertas y crea oportunidades reales para millones de niños y jóvenes, permite salir de la pobreza, mejorar la calidad de vida y aspirar a un futuro con mayores posibilidades, sin embargo, la realidad global sigue siendo preocupante, ya que millones de personas aún no pueden ejercer plenamente este derecho básico.
A nivel mundial, más de 260 millones de niñas, niños y jóvenes no asisten a la escuela, y otros millones carecen de habilidades básicas como la lectura o el cálculo elemental, carencias limitan su desarrollo personal y reducen sus oportunidades de participar activamente en la sociedad y en la economía.
Ante este panorama, la comunidad internacional incluyó a la educación como eje central de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, dentro del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 se plantea garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todas las personas antes de 2030.
Este objetivo reconoce que la educación es uno de los motores más poderosos para el desarrollo sostenible, asegurar que niñas y niños completen la educación primaria y secundaria gratuita es fundamental para reducir desigualdades y preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los retos sociales y tecnológicos actuales.
En México, los desafíos también son significativos, pues más de 4 millones de niñas, niños y adolescentes no asisten a la escuela, mientras cientos de miles están en riesgo de abandonarla, la pobreza, la distancia de los centros educativos y la violencia son factore que influyen directamente en esta situación.
La desigualdad es aún mayor entre la población indígena, pues solo uno de cada diez adolescentes hablantes de una lengua indígena y no del español continúa sus estudios, frente a una mayoría del resto de la población.
La educación es un derecho humano y una responsabilidad colectiva, sin ella, no es posible romper el ciclo de pobreza ni alcanzar la igualdad de género. Transformar la educación implica escuchar a los jóvenes, quienes representan más de la mitad de la población mundial y deben participar activamente en la construcción del modelo educativo del futuro.
