Agencia/San Francisco

La precisión en la National Football League tiene un costo elevado. Este domingo, mientras el mundo se detiene para observar el choque entre los Seahawks y los Patriots en el Levi’s Stadium, un grupo de siete oficiales cargará con la responsabilidad de la exactitud. En el Super Bowl LX, el equipo arbitral liderado por Shawn Smith no sólo se juega el prestigio; también cobrará un bono de 50,000 dólares por estar al frente de la planilla que se encargará de que el gran juego fluya lo mejor posible.

La estructura del deporte actual es una persecución constante de la perfección. En la era de la alta definición y los sensores de movimiento, el margen para el error humano se ha visto acorralado. La tecnología, lejos de desplazar a los jueces, ha elevado el estándar de lo que se espera de ellos. La liga sostiene que, pese a las cámaras de 8K que diseccionan cada jugada, la presencia de los mejores oficiales del mundo es la única garantía de orden en un juego de milímetros. Las polémicas, aunque nunca desaparecen del todo, han encontrado un filtro en los sistemas de repetición que respaldan a quienes visten de rayas.

Para esta edición, la liga ha confiado el silbato principal a Shawn Smith.