DAVID MORALES

Cada 10 de junio se conmemora el Día Mundial de las Especias y Hierbas, en México, esta celebración adquiere una relevancia especial debido a la profunda tradición herbolaria desarrollada por los pueblos originarios desde tiempos prehispánicos, cuyos conocimientos continúan presentes en la medicina tradicional, la vida cotidiana y las investigaciones científicas contemporáneas.

Mucho antes de la llegada de los europeos, culturas como la mexica, maya, zapoteca y olmeca habían desarrollado amplios conocimientos sobre las propiedades curativas de cientos de especies vegetales. El médico e historiador Francisco Hernández de Toledo, enviado por la Corona española a la Nueva España en el siglo XVI, documentó parte de este saber en su monumental Historia Natural de Nueva España, considerada una de las primeras obras dedicadas al estudio sistemático de las plantas medicinales mexicanas.

 Años después, el célebre Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis o Códice de la Cruz-Badiano, elaborado en 1552 por los indígenas Martín de la Cruz y Juan Badiano, registró decenas de remedios utilizados por los pueblos nahuas y constituye uno de los testimonios más importantes de la medicina indígena americana.

De acuerdo con investigaciones del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la herbolaria tradicional mexicana no sólo representa un conjunto de remedios caseros, sino un sistema complejo de conocimientos transmitidos de generación en generación. Plantas como el epazote, la hierbabuena, la ruda, el árnica, la manzanilla y el estafiate continúan siendo utilizadas en numerosas comunidades para aliviar padecimientos digestivos, inflamatorios y respiratorios.

En el sureste mexicano, la herencia botánica alcanzó una riqueza excepcional gracias a la biodiversidad tropical de la región. Tabasco, por su ubicación geográfica y abundancia de ecosistemas húmedos, alberga una importante variedad de especies medicinales empleadas históricamente por comunidades indígenas y rurales.

Los pueblos mayas chontales o yokot’an han conservado durante siglos conocimientos relacionados con el uso terapéutico de árboles, raíces, flores y cortezas para atender enfermedades comunes, así como para prácticas ceremoniales y espirituales.

Un ejemplo reciente de los esfuerzos por preservar este patrimonio es la obra Conocimiento tradicional de las plantas medicinales de la ruta Biji Yokot’an de Nacajuca, Tabasco, México, publicada por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. El libro, elaborado por los investigadores Miguel Alberto Magaña Alejandro, Lilia María Gama Campillo y Ramón Marías Méndez, documenta el conocimiento tradicional conservado en comunidades indígenas de Nacajuca, uno de los municipios con mayor presencia de población yokot’an en la entidad.

La publicación reúne información sobre especies utilizadas por habitantes de la llamada Ruta Biji Yokot’an, una zona reconocida por su riqueza cultural y lingüística. Según sus autores, la obra busca registrar conocimientos transmitidos oralmente durante generaciones y contribuir a su preservación ante los procesos de urbanización, cambio cultural y pérdida de biodiversidad que amenazan parte de este patrimonio inmaterial.

El trabajo representa además un esfuerzo por vincular la investigación científica con los saberes comunitarios, reconociendo el valor de los conocimientos locales en la conservación de la diversidad biocultural de Tabasco.

La relevancia de la herbolaria mexicana trasciende el ámbito histórico. La Universidad Nacional Autónoma de México ha señalado que una proporción considerable de los medicamentos modernos tiene origen en compuestos identificados inicialmente en plantas utilizadas por la medicina tradicional. Por ello, el estudio de estos conocimientos continúa siendo una fuente de información para disciplinas como la farmacología, la botánica y la medicina.