Patricia González

Pareciera que hay interés en hacer aparecer a Tabasco a la cabeza de la violencia y la realización de delitos. Ocurre precisamente cuando las autoridades mantienen una campaña permanente contra las bandas criminales y la delincuencia común.

Ayer se difundió profusamente el resultado de las encuestas del INEGI sobre “percepción de inseguridad”. Y quienes buscan colocar como gobierno fallido a la administración de Morena en Tabasco parecían estar a gusto que Villahermosa se colocara como la ciudad donde la percepción de inseguridad aumentó en un año 25.8 puntos porcentuales, al pasar de 69.5 en diciembre de 2023 a 95.3 en diciembre de 2024.

En segundo lugar, de acuerdo al INEGI, está Culiacán, Sinaloa, donde la percepción de inseguridad creció en un año 47.1 puntos porcentuales, al pasar de 43.5 en diciembre de 2023 a 90.6 en diciembre de 2024.

En cambio Los Mochis, también en Sinaloa, se coloca como una de las ciudades con menor percepción de inseguridad con 24.6%.

Así, la “lista del miedo” la encabeza Villahermosa (Tabasco) con 95.3%; sigue Uruapan (Michoacán), con 92.5; Fresnillo (Zacatecas), con 90.9; Culiacán (Sinaloa), con 90.6; Tuxtla Gutiérrez, con 90.6, y Tapachula (Chiapas), con 90.1. 

Hay hechos reales, porque en los estados referidos desde diciembre se vive una espiral de violencia que las autoridades achacan a la lucha entre grupos de la delincuencia organizada que buscan el control de “las plazas”.

La “percepción de inseguridad” depende de muchas variables, una que resulta determinante es el acceso a la información de hechos delictivos y violentos que difunden los medios de comunicación. Ahora las llamadas redes virtuales elevan al infinito las posibilidades de que una noticia llegue al público.

Pero además las redes virtuales permiten difundir desde el anonimato o como ha sucedido con frecuencia distribuir “noticias falsas” o sin confirmar, ya sea con mala intención o simplemente por la prisa de “ser el primero”.

Esto que le comento no quiere decir que debamos cerrar los ojos antes sucesos reales. ¿Pero se prefería la paz simulada en la que cotidianamente las personas estaban sujetas al cobro de piso y venta de protección? ¿A los robos de autos o secuestros reportados o no reportados?

El secretario de Gobierno, José Ramiro López Obrador, ha señalado que desde diciembre de 2024 ocurrió una ruptura entre las bandas del crimen organizado y comenzaron a enfrentarse de manera violenta. Casi a la par iniciaron una serie de acciones –de los mismos delincuentes- para influir en la percepción de la población que nada tiene que ver con esos negocios ilícitos: bloqueos de carreteras, quemas de tiendas, incendio de automóviles, colocación de “poncha llantas”, carteles o mantas amenazantes.

Recordemos que el gobierno federal envió desde enero de 2024 refuerzos militares y de la Guardia Nacional para combatir a los delincuentes. Como era de preverse la respuesta fue más agresiva; pero primero el entonces presidente López Obrador y luego la presidenta Claudia Sheinbaum mostraron su decisión de apoyar a Tabasco en la erradicación de las bandas criminales.

EN LA MIRA

¿Fue tarde?, ¿se dejó crecer la presencia de la delincuencia común y la delincuencia organizada? Habrá opiniones diversas, porque es un hecho que esta plaga no surgió de la noche a la mañana. Tiene años. Pero como dice la voz popular: más vale tarde que nunca. 

Con hechos y con una buena información, certera y confiable, Tabasco tiene que lograr una mejor percepción –y sobre todo realidad- de seguridad, de paz y convivencia. Sí es posible.