Patricia González
Un acierto es que el Instituto de Educación para los Adultos de Tabasco (IEAT) trabaje con otros organismos e instituciones educativas para combatir el analfabetismo en nuestra entidad. El compromiso del IEAT es reducir el número de ciudadanos que no saben leer ni escribir, el cual se encuentra más o menos entre el 4 y 4.2%.
Después de la creación del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) el 31 de agosto de 1981, no fue sino hasta el 15 de mayo de 1999 que se publicó la ley que decretaba la creación del IEAT en Tabasco, misma que tuvo dos reformas en los años 2018 y 2019.
Por supuesto que las acciones que realiza esta institución se ajustan a los tiempos y las necesidades educativas de la población, los métodos didácticos y pedagógicos se actualizan para que sus asesores, enlaces y profesores sean más eficientes y sepan transmitir el conocimiento hacia los adultos que no terminaron su educación básica con más eficacia.
Pero lo que más sobresale en esta administración gubernamental es, por supuesto, la decisión tomada por el gobernador Javier May Rodríguez, en la que se involucra a instituciones como los CBTis, DGETI, CONALEP, universidades públicas, etcétera. Las 19 coordinaciones de zona que el IEAT tiene en los 17 municipios del estado forman parte del Movimiento de Nacional por la Alfabetización y Educación (MONAE), y trabajan con jóvenes que prestan su servicio social para guiar los estudios de jóvenes y adultos.
A punto de cumplir 26 años de haber sido creado, el IEAT continúa educando a niños y jóvenes de entre 10 y 15 años que no terminaron sus estudios, además de adultos en condición de rezago para mejorar su calidad de vida y con ello contribuir al desarrollo de Tabasco. Por ello este instituto merece que los tabasqueños reconozcamos su compromiso educativo el cual finca sus bases en la eficiencia, eficacia y calidad.
También cabe destacar que la educación que se imparte es inclusiva, pues no sólo los hispanohablantes tienen acceso a ella sino que los pueblos originarios que hablan el yokot’ an y el chol pueden acceder a finalizar su preparación académica. El trabajo voluntario ennoblece las acciones que realiza este instituto porque llega además hasta las zonas más alejadas en la entidad, es decir, lugares como Cuauhtémoc (mejor conocido como Cuatro Poblados), Villa el Triunfo, Balancán y otras comunidades cuentan con este servicio educativo.
La tarea es ardua, no obstante el profesionalismo y la sensibilidad necesarias por parte de la gente que forma parte del equipo y que tiene que capacitar a la vez a los asesores comunitarios, son los idóneos, ya que no solamente es aprender técnicas de enseñanza sino también hacer empatía con la gente o las personas educandas que recibirán el conocimiento. Hay calidez humana en el servicio dirigido hacia un sector de la población vulnerable, sin embargo, la satisfacción de otorgarles una identidad más sólida a través de la educación es algo que es realmente invaluable.
EN LA MIRA
Tiene que imponerse la mesura y bajarle el calor al conflicto del Tec de Balancán. Un asunto que puede resolverse en beneficio de la comunidad y la educación, obliga a actuar con inteligencia y sin apasionamiento. Combatir las corrupción, es la clave.