Patricia González

La sequía y las temperaturas extremas se están sintiendo a lo largo y ancho del estado de Tabasco. El cambio climático no es un mito, es un fenómeno que estamos padeciendo cada vez con más frecuencia. ¿Qué hacemos para detener o disminuir las consecuencias del deterioro ecológico y ambiental?

Es urgente que en nuestro estado se apliquen programas de reforestación pero también se concientice a los ciudadanos cuán importante es el cuidado del medio ambiente a través de nuestras propias acciones. El sistema hídrico, la flora y la fauna son esenciales para la restauración ecológica en esta zona del país, el deterioro que hemos causado en las últimas cinco décadas al campo tabasqueño se refleja en estos días.

Se necesitan serios estudios y una metodología eficaz aplicables al problema que tenemos en cuanto a la deforestación y contaminación del suelo, tampoco se puede improvisar una recuperación ambiental basada en el empirismo. 

¿Cuántas universidades cuentan con carreras relacionadas al estudio del suelo y la contaminación del entorno natural en Tabasco? ¿Cuántas instituciones educativas y gubernamentales se ocupan del estudio del agua? ¿Qué tan comprometidos estamos los tabasqueños con el cuidado de nuestros recursos naturales? 

La presente sequía y las recurrentes olas de calor deberían ponernos a reflexionar las acciones a seguir para la prevención de desastres naturales provocados por el cambio climático. La erosión del suelo está ligada a la deforestación y por ende nuestro territorio es proclive a las inundaciones en la época de lluvias. 

Todo acto que realicemos o no, tiene sus consecuencias. En el caso de Tabasco son más negativas que alentadoras en cuanto al clima se refiere.

Sabemos y tenemos muy claro que en estas fechas los incendios en pastizales o zonas verdes son el pan de cada día. 

Ya no se vale decir que se realizan quemas controladas, más bien se debería catalogar como un ecocidio cuando alguien decide quemar la mala hierba como preparativo para la siembra o la recuperación de pastizales en el campo. Las autoridades deberían ser severas en estos casos y lo mejor, deberían implementar un programa de prevención de desastres causados deliberadamente por la mano del hombre.

El deterioro climático que nos afecta físicamente en cuanto a las temperaturas extremas se refiere, no lo tomamos en serio. 

Sufrimos los efectos del golpe de calor como si fuera una enfermedad que genéticamente es inevitable, y que a pesar de poder prevenirla sólo caemos en la inercia de aceptarla como si fuera un designio divino por el que tenemos que pagar con penitencias.

EN LA MIRA

Actuamos inconscientemente, somos inmaduros ante un efecto invernadero que creemos que pasará como si tan sólo se tratara de una temporada de tormentas. 

Actuamos como si tuviéramos otro mundo a la mano al cual podríamos mudarnos si el deterioro ambiental avanza hasta que todo ser vivo se extinga en el planeta tierra.

Urge hacer conciencia de la emergencia ambiental que tenemos a la vuelta de la esquina, necesitamos educarnos en materia ambiental y prevención de desastres como la sequía y la falta de agua. 

No podemos estar sentados observando cómo destruimos los pocos recursos naturales que nos quedan.