Patricia González

Reforestar 10 mil hectáreas en Tabasco es una labor titánica anunciada por el gobierno federal y se llevará a cabo el próximo mes de octubre dentro del programa Sembrando Vida. E verdad el campo tabasqueño necesita urgentemente la restauración ambiental.  

Hace más de cincuenta años que en la entidad se consolidaba la tala de lo que quedaba de la selva y se talaban los árboles maderables más preciados en la región, como eral el cedro y la caoba, principalmente; también se exterminaba aquella acumulación de arbustos de mediano tamaño que solíamos llamar acahual y que ahora escasamente se puede ver en las zonas rurales. 

Solemos escuchar que la gente usa la frase “todo se va acabando” en referencia a la flora, la fauna y otros recursos naturales que hoy apenas sobrevive. No nos atrevemos a decir: “el hombre acaba con todo lo que se le interpone en su camino” aun si esto es perjudicial para él mismo y los demás seres vivos que habitan este planeta.

El programa es noble y debe aprovecharse para recuperar todo lo que hemos perdido las últimas cinco décadas en materias forestal en aras de echar a andar la producción ganadera y agrícola en Tabasco. En la actualidad hemos sido testigos del deterioro de nuestro medio ambiente y padecido las tremendas temperaturas que se acentúan con la humedad característica de la geografía tabasqueña.

Es importante que a los campesinos se les capacite cómo elaborar fertilizante orgánico, qué tipo de árboles se pueden sembrar en tal o cual terreno de acuerdo a las características y la riqueza del suelo, se les debe enseñar a cuidar la tierra a pesar de que la experiencia y el empirismo sean las principales guías en el trato hacia la naturaleza. Hay que enseñar cómo se organizan los viveros, de los que hasta ahora, según informes del programa, se han instalado 240 en un mismo número de comunidades. 

También sería conveniente que se intentara reforestar los parques de las villas y ciudades, que los especialistas urbanos colaboraran de la mano con el programa Sembrando Vida para recuperar un ambiente que fuera más amigable con los habitantes y que éstos colaboraran con las autoridades para llevar a cabo tales tareas.

Si el campo necesita la reforestación, las zonas urbanas no quedan exentas. Y es que solo se tiene que hacer uso del sentido común para darnos cuenta que el exceso de asfalto y concreto provocan que las temperaturas se tornen más insoportables en la mayoría de los meses del año. 

Habría que aprovechar los parajes a las orillas de las lagunas y parques rurales para sembrar árboles, no desperdiciar las áreas verdes con las que se cuentas en las ciudades, es benéfico, además, contra la erosión del suelo y bueno para la captación de precipitaciones pluviales. Ojalá que estos programas den pie para que los ciudadanos seamos conscientes de lo necesarios que son los árboles y hacernos más responsables en éste y muchos sentidos.  

EN LA MIRA

Hay que aprovechar la preocupación expresada por cientos de ciudadanos en torno a la falta de árboles en las ciudades tabasqueñas. Ojalá que ese impulso de la sociedad civil sea canalizado en acciones positivas para cambiar el “NO”, por el “Sí” en favor de un ambiente más sano.