Por Felipe Hernández
Durante años nos han repetido que “el desayuno es la comida más importante del día”, una frase arraigada en nuestra cultura que es más un eslogan publicitario que una verdad científica. Aunque hoy parezca casi una obligación, su origen se remonta a 1917, cuando la dietista Lenna Cooper utilizó esta frase en la revista Good Health. Posteriormente sus colegas y jefes, John Harvey Kellogg (fundador de la compañía de cereales Kellogs) y James Caleb Jackson, utilizaron esta frase para impulsar el consumo masivo de cereales desde principios del siglo XX. Lo que nació como una estrategia para vender más productos terminó convirtiéndose en una creencia mundial que aún seguimos transmitiendo.
Sin embargo, la costumbre de desayunar está lejos de ser universal o ancestral. Durante la Europa medieval, comer temprano no era una costumbre, sino una necesidad exclusiva de quienes trabajaban desde la madrugada, además de ancianos y enfermos. Incluso, el teólogo Tomás de Aquino consideraba un pecado comer muy temprano, pues, des-ayunar era mal visto antes de la misa matutina, tiempos en los que mantenerse en ayuno era una práctica espiritual común.
El desayuno como lo conocemos hoy empezó a tomar forma mucho después. Expertos historiadores señalan que fueron los Tudor, en el siglo XVI, quienes sembraron la idea del desayuno moderno, impulsados por un creciente cambio social, el nacimiento del empleo formal.
A medida que más personas comenzaron a trabajar para un empleador y no en sus propias tierras, su control sobre el tiempo disminuyó. Con jornadas largas y sin pausas, un desayuno sólido se convirtió en una herramienta para resistir más horas sin comer. Más tarde, la revolución industrial terminó por establecer esta práctica, pues los trabajadores necesitaban un alimento rápido antes de entrar a las fábricas
Algunas investigaciones resaltan sus beneficios como, mejorar el rendimiento y la concentración en horas tempranas del día, sin embargo, aún no hay evidencia concluyente acerca de que desayunar sea más importante que cualquier otra comida del día. De hecho, diversos expertos señalan que es preferible saltarse el desayuno si lo que se va a consumir son alimentos con bajo aporte nutricional. En pocas palabras, lo importante no es desayunar por obligación, sino elegir alimentos que realmente beneficien al cuerpo y sacien nuestro apetito.