Patricia González/Desde el Cristal

La segunda marcha convocada por la supuesta Generación Z ayer 20 de noviembre fue un fracaso. Pocos fueron los jóvenes que acudieron al llamado “apartidista” de los convocantes, quienes argumentaron que hubo poca afluencia por “el miedo, la represión vivida y los cortes viales que impidieron el acceso”, según opinaron algunos de los manifestantes.

Sin embargo, lo cierto es que -si revisamos los análisis serios publicados- quienes acudieron a esta marcha (y a la del sábado 15) no representan a dicha generación de jóvenes y solo quieren aprovechar acontecimientos que en otros países sí han tenido una verdadera razón de ser, puesto que aquellos gobiernos no han respetado al pueblo y ello ha originado el descontento popular. En nuestro país el descontento proviene de un grupo de políticos opositores que perdieron sus privilegios al cambiar de régimen en 2018, lo que se decidió en las urnas como rechazo a más de treinta años de gobiernos neoliberales y tecnócratas.

El argumento de la primera marcha de la verdadera Generación Z (entre 13 y 28 años de edad actualmente), el pasado 8 de este mes, se relaciona con el descontento por las faltas de garantía que las reformas a la Ley del Trabajo hechas por los anteriores gobiernos no hacen más que crear incertidumbre en jóvenes que no tienen acceso a la vivienda, tampoco a un trabajo que sea permanente y en el que las prestaciones laborales los beneficien, algo que no es exclusivo para tal generación sino que afecta a otras generaciones anteriores y posteriores a la Z. 

No olvidemos el outsourcing, ese modo de empleo que impulsaron los panistas y que dejó en el desamparo laboran a miles de mexicanos que ganaban un salario mínimo y raso sin ningún tipo de prestación para los trabajadores y sus familias. Los beneficiados eran los intermediarios que ofrecían empleos y los patrones que no tenían que pagar servicio médico ni mucho menos repartición de utilidades, por mencionar un tema generalizado señalado por los jóvenes. 

El reclamo de esa generación exige un cambio más radicalizado, es decir, un sistema político menos tradicional que lo que se tiene, un gobierno que enfrente el poder de los empresarios y no sólo por un cambio en el paradigma económico-laboral sino también que tiene que ver con el deterioro del medio ambiente. Si esa gente que sólo fue a gritar consignas contra el Movimiento de Regeneración Nacional creado por Andrés Manuel López Obrador y a insultar a la presidenta Claudia Sheinbaum, tomara en cuenta lo que los jóvenes desean cambiar, se escandalizarían de las ideas que no incluyen una vuelta al pasado, como es evidente que proponen quienes también desean la intervención del ejército estadounidense en tierras mexicanas. 

EN LA MIRA

Los reclamos de los jóvenes son legítimos, ellos exigen seguridad, garantías laborales, de retiro, salud y educación. Para ellos no es fácil el panorama que les heredaron los gobiernos neoliberales. A pesar de ello no ven con malos ojos al gobierno que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum, más del 60% de los jóvenes le dan su respaldo. La oposición busca manipular y capitalizar el descontento agarrando como carne de cañón a la llamada Generación Z. Mejor sería que tuvieran un proyecto concreto para el país.