En el caso del Nuevo Testamento, la línea de tiempo se mueve ya dentro del primer siglo cristiano. (FOTO: DM).

La primera parte de esta historia se remonta al desarrollo de los textos que hoy conforman el Antiguo Testamento o Biblia Hebrea. Según la Encyclopaedia Britannica, la sección de la Ley, conocida como la Torá o Pentateuco, ya gozaba de autoridad hacia el año 400 antes de Cristo

David Morales/Avance

La historia detrás de la formación del canon bíblico es más compleja y extensa de lo que suele imaginarse. No nació en un solo momento ni por decreto inmediato. Se fue construyendo a lo largo de siglos, entre debates, consenso comunitario y el uso constante de ciertos textos que lograron autoridad en la tradición judía y cristiana.

Diversos estudios académicos coinciden en que se trató de un proceso progresivo y no de una decisión puntual. Esta perspectiva es sostenida por investigadores como Lee Martin McDonald, autor del volumen The Formation of the Biblical Canon, consultado en la biblioteca digital de Rick Bulow, así como por análisis publicados en la Encyclopaedia Britannica y trabajos citados en la Oxford Academic Press.

La primera parte de esta historia se remonta al desarrollo de los textos que hoy conforman el Antiguo Testamento o Biblia Hebrea. Según la Encyclopaedia Britannica, la sección de la Ley, conocida como la Torá o Pentateuco, ya gozaba de autoridad hacia el año 400 antes de Cristo. Más adelante, alrededor del año 200 antes de Cristo, los Profetas fueron reconocidos también como colección normativa dentro del judaísmo.

El tramo final, la sección de los Escritos, requirió más tiempo para consolidarse. Investigaciones sobre el desarrollo del canon hebreo, como las reunidas por el Departamento de Estudios Clásicos de Monmouth College y resúmenes académicos disponibles en Oxford y Britannica, señalan que esta tercera parte probablemente se estabilizó entre el siglo II antes de Cristo y finales del siglo I después de Cristo.

La idea popular de un cierre oficial en el Concilio de Jamnia hacia el año 90 después de Cristo se ha matizado con el tiempo. Autores contemporáneos explican que aquel encuentro no funcionó como un concilio formal, aunque permite ubicar debates importantes sobre libros que estaban en duda.

En el caso del Nuevo Testamento, la línea de tiempo se mueve ya dentro del primer siglo cristiano. Las primeras cartas de Pablo aparecieron hacia los años cincuenta después de Cristo. Los Evangelios y otros escritos, como Hechos y Apocalipsis, surgieron entre mediados y finales del siglo I. La Christianity Encyclopedia y estudios recopilados por la Oxford Academic Press señalan que, para el siglo II, numerosas comunidades cristianas ya usaban estos textos en su enseñanza y liturgia. El llamado Fragmento Muratoriano, fechado alrededor del año 170, es una de las primeras listas conocidas que reúne varios libros que hoy forman el Nuevo Testamento. Aunque no coincide plenamente con la lista actual, evidencia que ya existía un núcleo de escritos ampliamente aceptados.

La consolidación definitiva ocurrió durante el siglo IV. La Encyclopaedia Britannica recuerda que en el año 367 Atanasio de Alejandría emitió una carta pascual donde enumeró los veintisiete libros del Nuevo Testamento tal como se conocen hoy. A esta lista siguieron decisiones similares en Roma bajo el papa Dámaso I en el año 382, y más tarde en los concilios de Hipona y Cartago en 393, 397 y 419. Estas asambleas no crearon los textos. Más bien confirmaron lo que ya funcionaba como referencia doctrinal en comunidades repartidas por distintas regiones. Esta idea ha sido desarrollada por Bruce M. Metzger, uno de los académicos más influyentes en estudios bíblicos modernos, cuyo trabajo es citado frecuentemente en investigaciones sobre canon y transmisión de manuscritos.

Las investigaciones modernas coinciden en una misma conclusión. La Biblia no fue ensamblada mediante una sola decisión repentina. Fue el resultado de siglos de reconocimiento comunitario, análisis teológico, uso litúrgico y transmisión cuidadosa.