El diez de diciembre recuerda que la física no sólo busca explicaciones al funcionamiento profundo del universo. También genera tecnologías que sostienen la vida cotidiana, desde telecomunicaciones hasta medicina. (FOTO: DM).

En México la disciplina tiene raíces firmes. Programas universitarios surgidos en la segunda mitad del siglo XX, documentados por el Instituto de Física de la UNAM, abrieron paso a generaciones de investigadores

David Morales/Avance

El diez de diciembre se ocupa en facultades y sociedades científicas como momento para reconocer el trabajo de las y los físicos, una actividad que coincide con el aniversario de los Premios Nobel entregados por primera vez en 1901, según los archivos de la Real Academia Sueca de Ciencias. La fecha, aunque no es una efeméride oficial, funciona como recordatorio del impacto que la física ha tenido en la comprensión del mundo desde la publicación de los Principia Mathematica de Newton en 1687, documentos preservados por la Royal Society que marcaron el inicio de la ciencia moderna.

El impulso que dio el siglo XX, con la relatividad desarrollada por Albert Einstein —registrada en los archivos de la Academia de Ciencias de Prusia— y la mecánica cuántica trabajada por Planck, Bohr y Heisenberg, sigue siendo base para la investigación contemporánea. Instituciones como el CERN, la NASA o universidades dedicadas a la física teórica y aplicada continúan ampliando campos como partículas elementales, astrofísica, materiales avanzados, óptica o computación cuántica.

En México la disciplina tiene raíces firmes. Programas universitarios surgidos en la segunda mitad del siglo XX, documentados por el Instituto de Física de la UNAM, abrieron paso a generaciones de investigadores que hoy participan activamente en proyectos internacionales. Entre las figuras contemporáneas destacan:

Gerardo Herrera Corral, físico mexicano vinculado al Cinvestav e integrante de colaboraciones del CERN, especialmente en el experimento ALICE, donde se estudia materia en condiciones extremas similares a las del universo temprano. Sus contribuciones están registradas en publicaciones científicas del CERN y revistas académicas de física de altas energías.

Julieta Fierro, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM, reconocida por su trabajo en divulgación científica respaldado por instituciones como la Academia Mexicana de Ciencias, además de sus aportes en astrofísica y educación científica.

Arturo Menchaca Rocha, físico experimental y expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias, cuyos trabajos en física nuclear y en la detección de radiación ionizante están documentados en investigaciones universitarias y en repositorios académicos.

Antonio del Río, físico del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, con líneas de investigación en materiales y energía solar, campos ampliamente estudiados en centros de ingeniería física y ciencias de materiales.

María Elena Álvarez-Buylla, aunque más conocida por su trabajo biológico, cuenta con una formación sólida en modelos matemáticos y físicos aplicados a sistemas complejos, documentada en publicaciones científicas sobre dinámica de poblaciones y desarrollo vegetal.

Estos nombres representan sólo una parte de una comunidad más amplia dedicada a la física experimental, teórica, óptica, materiales o astrofísica en instituciones como el Cinvestav, el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, el Instituto de Física de la UNAM y grupos universitarios en estados del país.

El diez de diciembre recuerda que la física no sólo busca explicaciones al funcionamiento profundo del universo. También genera tecnologías que sostienen la vida cotidiana, desde telecomunicaciones hasta medicina, y forma profesionales capaces de transformar fenómenos abstractos en soluciones reales. Una fecha simbólica que reconoce a quienes, desde laboratorios y aulas, ayudan a comprender el mundo y a proyectar el futuro.