David Morales

Durante siglos, el español ha recurrido a nombres genéricos como fulano, mengano, zutano y perengano para hablar de personas imprecisas, anónimas o irrelevantes dentro de un relato. Lejos de ser simples muletillas, estas expresiones tienen un origen histórico claro y un uso social que explica su permanencia en el habla cotidiana.

Los estudios etimológicos recopilados por Joan Corominas en su Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana coinciden en que fulano proviene del árabe clásico fulănun, utilizado para designar a «alguien sin nombre. Esta forma llegó al castellano durante la Edad Media, en un contexto de convivencia lingüística que dejó una huella profunda en el vocabulario común.

Mengano comparte ese mismo origen árabe. Filólogos citados por la Real Academia Española señalan que deriva de expresiones equivalentes a «quien sea», lo que refuerza su función como referencia vaga. Su uso se consolido como complemento de fulano, formando una secuencia que facilitaba la narración oral sin precisar identidades.

El caso de zutano es menos directo, aunque los especialistas lo relacionan con nombres propios árabes empleados como ejemplos genéricos, similares al actual «Juan». Con el paso del tiempo, el uso repetido lo transformó fonéticamente hasta adquirir su forma actual, conservando siempre su papel como tercer personaje indefinido.

Perengano es el más reciente y el más popular. Investigaciones lingüisticas recogidas en obras académicas de la RAE explican que se trata de una creación romance surgida del habla popular, pensada para extender la lista y enfatizar la idea de multitud o anonimato, Su aparición suele cerrar la serie y subrayar que los involucrados podrían ser muchos más.

En el uso cotidiano, estas palabras cumplen funciones sociales claras. Permiten contar historias sin exponer a personas reales, introducir ejemplos hipotéticos en textos explicativos o expresar ironia y desaprobación sin señalar directamente. En el discurso público, su empleo suele implicar distancia, critica o desinterés hacia los sujetos mencionados.

La vigencia de fulano, mengano, zutano y perengano confirma que el idioma conserva fórmulas útiles para hablar de lo humano sin nombres propios. Son palabras heredadas de la historia, moldeadas por el uso popular y todavia indispensables para narrar, explicar y opinar en el español actual.